jueves, 26 de marzo de 2015

Entrevista a líder feminista



Hoy entrevistamos en exclusiva a Gertrudis Sttutmeyer, líder de la asociación feminista Machete al machito.


Tivípata.- Buenos días, señora Sttutmeyer. Algunos han acusado a los miembros de su…

Gertrudis Sttutmeyer.- Miembras.

T.- ¿Perdón?

G. S.- Miembras. La mayoría de las personas afiliadas a mi asociación son mujeres, por tanto le rogaría que no empleara la forma masculina de la palabra para referirnos a nosotras, gracias.

T.- Pero la palabra miembras no existe…

G. S.- ¿Está insistiendo en esa actitud machista?

T.- No. Sólo digo que la RAE no recoge la palabra…

G. S.- Doy por terminada esta entrevista. No pienso seguir conversando con este fascista. (Se levanta de la silla y aparecen otras dos mujeres con el pelo corto y camisa de cuadros que me miran con cierta hostilidad)

T.- No, disculpe. De acuerdo. Reformularé la pregunta. Algunos han acusado a las miembras de su asociación de ser un pelín radical. ¿Qué tiene que decir sobre ello?

G. S.- Se trata de un intento de deslegitimar nuestro movimiento y desacreditarnos. La asociación Machete al machito sólo busca la igualdad.

T.- Pero puede entender que el nombre de la asociación de a equívocos… ¿No le parece un tanto extremista?

G. S.- ¿Extremista? (Enrojece y eleva el tono de voz) ¡Extremista son todos esos asesinatos! ¡Todos los casos de acoso sexual! ¡El machismo institucionalizado del patriarcado opresor!

T.- Con el debido respeto, ¿no le ha aparecido una reacción un poco exagerada? Sólo he dicho que el nombre de la asociación me ha pare…

G. S.- ¡¿Acaso está negando todos esos crímenes?!

T.- No, por supuesto. Bueno, usted decidió fundar esta asociación después de ser víctima de un suceso terrible. Sé que puede resultarle doloroso hablar de ello pero, ¿se siente con fuerzas para contarnos lo que sucedió?

G. S.- Sí. Estaba en el metro (hace una larga pausa, bebe un poco de agua). Sólo estábamos él y yo en el vagón del metro. Noté que me miraba (Hace una nueva pausa). Faltaba poco para llegar a nuestro destino cuando se acercó a mí y me cortó el paso. Entonces lo hizo…

T.- ¿Qué hizo?

G. S.- ¡Me invitó a una taza de café! ¡¿Lo puede creer?! En ese momento me sentí como un trozo de carne. Le grité que mi cuerpo no le pertenecía. Además, ¿por qué quería invitarme? ¿Insinuaba con ello que una mujer no puede pagarse su propia taza de café? ¿Qué dependemos económicamente de ellos? Y cuando le dije que era un macho facho del patriarcado opresor ¡me preguntó si tenía la regla! ¡Sucio machista!

T.- Bueno, si me permite opinar, no me parece que el incidente…

G. S.- Incidenta.

T.- ¿Perdón?

G. S.- Fue un incidente protagonizado por una mujer. Así que fue una incidenta.

T.- Con el debido respeto, esto ya me parece de chiste.

G. S.- De chista, si no le importa.

T.- De acuerdo. ¿Cómo se financia su asociación?

G. S.- Recibimos subvenciones del patriarcado opresor. Eso, sumado al dinero que nos ahorramos en maquinillas de afeitar, es suficiente para fabricar nuestras pancartas con mensajes de resentimiento.

T.- Antes dijo que la mayoría de personas de su asociación son mujeres. Eso quiere decir que hay algunos hombres en ella.

G. S.- Así es. Tenemos a cinco o seis. Se portan bien. Les sacamos a pasear, y a veces hasta le dejamos sentarse a la mesa con nosotras.

T.- ¿Eso que ha dicho no le parece un poco ofensivo?

G. S.- ¿Ofensivo? ¡Jamás tratamos mal a nuestros manginas!

T.- Bueno, le agradecemos su tiempo, señora Sttutmeyer. Creo que hemos acabado.

G. S.- Acabada.

T.- Sí, lo que usted diga.




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