miércoles, 15 de abril de 2015

Los señores de la guerra






Que la Ley Integral de Violencia de Género suprime derechos humanos (recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y ratificado por España, paradójicamente) es un hecho. Pero alguien (no muy ducho en leyes) podría pensar que es una ley necesaria, dado el terrible número de mujeres asesinadas por sus parejas cada año. Un goteo incesante de mujeres desaparecidas en un genocidio machista que justificaría “un par” de violaciones de los derechos humanos. Dichas violación de derechos se consideraría un mal necesario. Un coste asumible, que diría el Palanganas. En 2014 fallecían asesinadas por sus parejas cincuenta y cuatro mujeres. Una cifra terrible pero, ¿justifica una medida segregacionista, discriminatoria e injusta? En realidad, ninguna cifra de víctimas, por elevada que sea, justifica tal atropello de derechos fundamentales, pero concretamente esta, aún menos. ¿Por qué?
Según datos del Observatorio de Violencia, en España se registra una media cercana a los 2,8 homicidios machistas por cada millón de mujeres mayores de catorce años. ¡Menos que en países como Austria (9,4), Finlandia (9,3), EEUU (8,4), nuestra vecina Francia (5,2), Reino Unido (4,2) o Noruega e Italia (3,7)! Este dato sitúa a España en el puesto 24 de 35 países analizados según el III Informe Internacional Violencia Contra la Mujer en las Relaciones de Pareja, realizado por el Instituto Universitario para el Estudio de la Violencia del Centro Reina Sofía.
¿Es un problema alarmante? Claro que lo es. Como lo es el número de personas que pierden la vida en accidentes provocados por conductores ebrios o bajo los efectos de la cocaína pero, ¿se ha creado leyes específicas para castigar a estos descerebrados al volante que arruinan tantas vidas (más que la violencia de género) cada año? Pues no, y mucho menos leyes que afecten a conductores que siempre han respetado las normas de circulación.
Muchos os preguntaréis, si la violencia de género en España no es mayor que en otros países de Europa (de hecho, según el estudio antes citado, es menor), ¿por qué muchas personas parecen interesadas en hacernos creer que la situación es tan terrible como para justificar medidas tan extremas y anticonstitucionales como la LIVG? ¿Por qué hay gente que crean alarma social constantemente? Para intentar dar respuesta a esta compleja pregunta haré una pequeña analogía.
La guerra es la expresión de fracaso más absoluto en el marco de las relaciones humanas. No importa si es un conflicto armado entre dos naciones, o la encarnizada lucha entre personas cuyo matrimonio acaba con una demanda de divorcio contencioso. Cualquier tipo de guerra es un fracaso de la razón y la justicia y, por tanto, campo abonado para el odio y el egoísmo. Y cuando el río está revuelto, muchos se dedican a pescar en él. Siempre hay “emprendedores” que descubren la manera de obtener beneficios en un conflicto.
En un conflicto armado próspera la industria armamentística, se incrementa la producción de armas, municiones y enseres para alimentar la maquinaria de guerra. Detrás de esa producción hay cientos de empresarios y obreros que pueden llenar sus neveras gracias a los magnos beneficios que esto provoca. Se puede decir, por tanto, que una guerra (del tipo que sea) perjudica a la mayor parte de los implicados en ella, pero beneficia a una nutrida minoría que ha descubierto el negocio que hay detrás.
En cualquier forma de conflicto existe gente que encuentra la forma de convertirlo en un negocio. ¿A caso creéis que, entre los catalanes y los demás españoles de a pie, existe esa tensión y belicosidad que vemos en los hemiciclos y en las tertulias televisivas? La cuestión catalana es alimentada de forma interesada por personas interesadas en que exista esa tensión. Los políticos para conseguir votos. Los periodistas para vender periódicos. El andaluz que visita Cataluña, como el catalán que visita Andalucía (por ejemplo), descubre que todos esos conflictos regionales son completamente artificiales e interesados. La realidad es que la gente normal no odia a alguien por ser catalán o por ser de otra parte de España.
¿Y creéis de verdad que la lucha contra el patriarcado se libra de esa lacra de sanguijuelas y parásitos que han encontrado el beneficio en el conflicto de género?
Juzgados de violencia de género, puestos de trabajo en asociaciones e institutos de la Mujer, subvenciones a asociaciones, más puestos de trabajo en diputaciones y ministerios de Igualdad, pisos tutelados… Como veis, hay muchos interesados en el conflicto de género. Muchas personas que ganan sus cuartos en esta “guerra”. Y a todos ellos les conviene crear una alarma (una “guerra artificial”) para justificar que son necesarios y seguir chupando de la olla. 

¡Saludos!






3 comentarios:

  1. Gran artículo, te felicito.

    ResponderEliminar
  2. Nunca decepcionas, en serio Tivi, me da un gustazo leerte. Que veraz y conciso.

    ResponderEliminar