miércoles, 13 de mayo de 2015

El bando de la decencia








Os habéis olvidado de algunas mujeres, feministas radicales. No sólo sufren violencia aquellas que viven con sus agresores y tienen relación sentimental con ellos. No sólo mueren aquellas que podéis usar para engrosar vuestras listas macabras. Esas que utilizáis con muy poca decencia cada vez que alguna persona con algo de sentido común intenta haceros razonar. Esa lista que sirve para que algunos políticos redacten y aprueben leyes que criminalizarán a millones de personas que jamás hicieron ni harán daño a una mujer, pero que servirá para que muchos inútiles justifiquen que no lo son, y puedan seguir teniendo un sueldo (y nada modesto, además) a principios de cada mes.
¿Por qué no mencionáis que en España mueren menos mujeres que en Francia o Inglaterra? ¿Qué España no es el Afganistán que parece que estáis empeñadas en hacernos creer? He de concederos vuestro mérito. Lo hacéis muy bien. Hubo un tiempo en que creí que España era un lugar oscuro y atrasado, dónde las mujeres morían en una proporción mucho mayor que en los países verdaderamente civilizados. ¿Los franceses o los ingleses? Seguro que no son tan salvajes como nosotros. Y no hablemos de los finlandeses, el paradigma de la sociedad perfecta. Esos refinados europeos tan avanzados en materia social no pueden tratar a las mujeres como hacemos los españoles. Comprended, entonces, que me quedase como pasta de boniato cuando vi en un informe (que he mencionado ya muchas veces en mi blog) que en España había menos crímenes machistas que en esos países.
Lo hacéis muy bien, feministas radicales, pero ocultáis tanta basura debajo de la alfombra que, en cuanto te cuestionas el dogma impuesto por vosotr@s con fervor fanático y rascas un poquito, se descubre toda la mierda. Mierda cuyo nauseabundo hedor no pueden disimular ni todos los ambipures del mundo. Cuando ves a los medios de comunicación, que parecen más bien mercenarios del poder de turno, sea del signo que sea, descubres el tratamiento que se dan a distintas situaciones. Si la madre asesina a sus hijos se investiga las causas; puede ser que la mujer pasara por una fuerte depresión post-parto, o que sufriera un brote de esquizofrenia, o que hubiese ingerido no sé qué fármacos. Si el hombre asesina a sus hijos es un machista. No ha sido un acto de locura, sino una acción fría y calculada. Si era un esquizofrénico o padecía alguna otra enfermedad psiquiátrica no diagnosticada nunca se sabrá en la mayoría de los casos.
Si una pareja es encontrada muerta en su casa, por supuesto que ha sido el marido quien acabó con la vida de su mujer para luego quitarse de en medio. A los políticos del PSOE o a las asociaciones feministas no les preocupa que, en muchos casos, la policía determine que el hombre tenía signos de violencia que no se corresponden con el de un suicidio. ¿Un asesino que se haya colado en su casa y se haya ventilado a la pareja? Tarde, ya lo hemos incluido en nuestras estadísticas de violencia de género. Por citar dos ejemplos, el caso del padre y su hija hallados muertos en Huelva con signos de violencia, que ya contaba como violencia doméstica cuando la investigación desveló que el padre había sido tan víctima del ataque como su hija. O el caso de Gibraltar, cuando el asesino no resultó ser asesino sino asesina, y la víctima también resultó ser del género equivocado. El hombre es cruel, la mujer es una enferma. El hombre es frío y calculador, la mujer actuó con un impulso irracional.
Pero eso es lo de menos. Luego descubres que el feminismo arremete con inusitada virulencia contra la Guardia Civil porque cometió la desfachatez de comparar la violencia con la violencia, y que un psicólogo no puede ejercer su derecho a la libertad de expresión y acudir a un programa de televisión para hablar de Síndrome de Alienación Parental. ¿El SAP? Eso no está demostrado que exista salvo en el resto de países del mundo. Pero el chollo se os acabará tarde o temprano. No responderéis por ello, por desgracia. No habrá juicio de Núremberg para vosotras, feminazis, pero me contentaré con decir algún día, cuando todo esto haya terminado (que terminará, no lo dudéis) que yo estuve en el bando de la decencia.



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2 comentarios:

  1. Cuando la justicia se entrelaza íntimamente con la política y lo lucrativo lo moral deja de tener sentido.

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    1. Cierto. La solución sería más fácil de lo que parece, pero sería cerrarles el grifo a muchas sanguijuelas. ¡Saludos!

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