martes, 5 de mayo de 2015

No somos nadie





Es una frase típica en el consuelo de aquellos que han perdido recientemente a alguien, pero bien podríamos interpretarla de manera literal. No somos nadie. Somos insignificantes. Nos hemos adueñado de un planeta en el que habitamos desde hace menos de un millón de años. Si concentrásemos toda la historia de la Tierra, desde su formación hasta nuestros días, nuestra especie, el Homo Sapiens, habría aparecido a las once horas y cincuenta y nueve minutos de la noche del treinta y uno de diciembre. Vamos, cuando están a punto de dar los cuartos de las campanadas. Por hacer una comparación, el Tiranosaurio Rex habitó nuestro mundo alrededor de tres millones de años.
Pero al menos estamos biológicamente más evolucionados… Error. La evolución no está dirigida (lo siento, Creacionistas) así que no persigue un propósito de perfeccionamiento. Decir que estamos más evolucionados que otras especies es algo muy subjetivo. ¿Podéis absorber elementos químicos y procesarlo hasta convertirlo en nutrientes? No, pero las plantas sí. ¿Somos la especie más exitosa a nivel evolutivo? Lamento decir que la población de ratas y ratones nos superan en, aproximadamente, mil millones de individuos. ¿Qué hay de nuestros parientes más próximos? La mayoría de primates se encuentran en peligro de extinción.
Pero al menos, y eso no me lo podéis negar, somos los más inteligentes… De nuevo es una valoración bastante subjetiva. ¿Y qué me dices de la electricidad, las leyes de la física, la comprensión de nuestra propia evolución o la filosofía griega? diréis. Nos gusta beneficiarnos de los grandes inventos y descubrimientos de la humanidad pero, ¿cuándo fue la última vez que inventaste una bombilla de larga duración? ¿Cuántas personas conoces que haya descubierto la vacuna contra el cáncer? ¿Serías capaz de explicarme la Teoría de la Relatividad? Admitámoslo, el ser humano no es el responsable de tales progresos, sino algunos individuos concretos que, no sólo no contaron con la ayuda de los demás, sino que, la mayoría de las veces, sufrieron la abierta hostilidad de sus congéneres. Tales de Mileto, el padre de la filosofía griega, cuna del pensamiento occidental, era tratado como un imbécil por sus vecinos. Darwin sufrió el descrédito y las burlas de los hombres de su tiempo, después de desarrollar su Teoría de la Evolución de las Especies. Sin contar con Galileo, al que casi queman por decir que la Tierra gira alrededor del sol. Y él tuvo suerte, que se retractó a tiempo. Nos colgamos la medallita de otros y solemos decir que desarrollamos la aritmética y descubrimos la Ley de la Gravedad cuando todos esos progresos son méritos de un puñado de personas y, sin embargo, nos desmarcamos de las cosas terribles que sí hacemos como sociedad. Guerras, Inquisición, esclavitud, Holocausto, contaminación global… Eso no es culpa nuestra, es culpa de belicistas, nazis y compañías petroleras, por supuesto.
Pero, ¿valemos algo, aunque sea? Si separásemos los elementos químicos que componen nuestro cuerpo para determinar nuestro “valor”, descubriremos que poseemos materiales como oro, litio o cobalto. Sin embargo, están en trazas ínfimas. Los elementos químicos más comunes de nuestro cuerpo, como el oxígeno, el hidrógeno, el carbono, el calcio o el fósforo no son, precisamente, muy caros. De hecho, se estima que un individuo adulto de unos setenta quilos “costaría” menos de mil doscientos euros (mil ciento ochenta y siete euros, para ser exactos), por lo que, tampoco somos demasiado valiosos, económicamente hablando.
No somos nadie. Lamento desinflar vuestro ego pero el ser humano no es especial, en ningún aspecto. Al no haber otra especie con la capacidad de expresarse con un lenguaje articulado, nos ha tocado la difícil papeleta de auto-definirnos. Y lo hemos hecho francamente mal. Las primeras grandes religiones ya nos definían como pequeños dioses. Las deidades griegas son antropomorfas y el Dios de los hebreos nos hizo a su imagen y semejanza. Luego, un tipo llamado Darwin nos sacó de esa ensoñación, y nos enseñó que sólo éramos animales.


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2 comentarios:

  1. Y luego se vio que el darwinismo era una mentira al servicio de unos intereses bastardos. Máximo Sandín lo explica muy bien aquí:

    https://www.youtube.com/watch?v=CKtaFV0f5rk

    Me está pareciendo interesante el blog. Yo soy uno de esos que detesta el feminismo (o feminazismo, ya que a día de hoy son lo mismo), pero considero importante matizar esto del darwinismo, entre otras cosas porque es uno de los caballos de batalla de los progres feminazis. Estoy cansado de escuchar frases de mujeres feminazis sacadas del darwinismo para justificarse. Frases como "las mujeres somos las que seleccionamos", etc...

    Para mi resultó una gran liberación intelectual saber que el darwinismo es mentira, que los nuevos datos científicos lo refutan y que hay biólogos como el señor Sandín, que tienen el valor y los conocimientos para refutarlo completamente. Recomiendo a todos pasar por ese "renacimiento", amplia miras y proporciona herramientas necesarias para rebatir a los psicópatas feminazis que hablan de las relaciones entre sexos como si fuéramos monos en celo.

    Este otro vídeo también es muy interesante:

    https://www.youtube.com/watch?v=tj-z13mcck0

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias. El feminismo también extrapola ideas del socialismo y compara el presunto patriarcado con el capitalismo en una mezcla demencial que no se sostiene ante el menor análisis. ¡Saludos!

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