domingo, 3 de mayo de 2015

Las mercenarias







Hubo una época en que el feminismo libraba una cruzada justa. La lideraban mujeres cultas, que habían estudiado en universidades donde la mayoría de los que impartían y recibían clases eran hombres, y que ejercían profesiones que hasta hacía muy poco tiempo eran también feudo de los hombres. Esas mujeres comprendieron que la única manera en que los políticos las tuvieran en cuenta era consiguiendo el derecho a voto, cuya negación las relegaba a ser ciudadanos de segunda. Cuando los políticos vieran que la otra mitad de la población adulta podía votar, no tardarían en acabar con décadas de invisibilidad política. Las sufragistas, como se le conocieron entonces, deshicieron siglos de injusticias.
Aún quedaba lucha para alcanzar la plena igualdad, pero lo más importante estaba hecho. Sin embargo, conquista tras conquista, se hacía patente una realidad que muchas feministas no quisieron aceptar. A medida que se acercaban a la igualdad, a cada paso que se aproximaban a ella, la existencia de aquel movimiento, justificado y necesario en otros tiempos, se acercaba a su fin. Las feministas eran guerreras, pero la guerra acabó, y un soldado no es útil en tiempos de paz. Las verdaderas feministas vieron con regocijo que la paz había llegado, que igual debían atar algunos cabo sueltos, para apuntalarla y hacerla sólida, pero ya no había guerra.
Sin embargo, como en todas las guerras, hubo quienes no sabían vivir en tiempos de paz. Aquellas guerreras no colgaron los fusiles y decidieron alargar artificialmente aquel conflicto. Inventaron desigualdades que no existían. Mentían sobre datos y estadísticas para justificar que el mundo seguía siendo un lugar hostil para las mujeres, y que ellas, por supuesto, eran su única defensa. Antaño necesarias, se habían convertido en inútiles, y debían hacer creer que la guerra continuaba para que nadie se diera cuenta de ello. Querían hacer creer que el enemigo (el Patriarcado) aún no había sido derrotado, y que por eso debían existir.

Por eso, incluso cuando muchas leyes se hicieron ventajosas para ellas, siguieron mintiendo, haciendo creer a los ingenuos que el enemigo estaba en todas partes. En el trabajo, en el hogar, en el lenguaje, en la televisión… Las feministas de hoy son innecesarias, tóxicas. Crean alarmas inexistentes, espejismos de opresión. Mienten y manipulan con desvergüenza. Consigan lo que consigan, incluso con leyes que opriman al “enemigo”, están eternamente insatisfechas. Cuando vencieron al machismo inventaron un nuevo enemigo; el micromachismo. Cualquier mínima cosa basta para sacar el arsenal y seguir haciendo lo único para lo que valen, crear discordia, dividir, mantener viva una guerra para seguir viviendo del botín.   


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1 comentario:

  1. taradas existenciales del FIN CIVILIZATIO, borregonas destructoras de la moral y la cultura tradicional para gloria de masones y marxistas posmodernos.

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