lunes, 25 de mayo de 2015

Niños maleducados









Aprender no es lo mismo que adquirir conocimientos. Enseñar conocimientos no es lo mismo que educar. Esa es la razón por la que no debéis delegar en maestros y profesores la educación de vuestros hijos. La diferencia entre enseñar y educar es clara. Enseñando se adquieren conocimientos, educando se adquieren conductas. Enseñar a vuestros hijos qué está bien y qué está mal no es diferente a enseñar que una flor tiene estambres o pistilos, o que la masa atómica del hidrógeno es de 1. El niño adquiere esos conocimientos, pero no es garantía de que lo vayan a poner en práctica.

La única manera efectiva de educar es mediante el ejemplo. Si dices que mentir está mal, pero haces pasar a tu hijo de diez años por uno de ocho para pagar menos en el Aquópolis, tu hijo aprenderá que mentir está mal pero que se puede hacer igualmente. Si enseñas a tu hijo que ejercer la violencia está mal pero al llevarlo a un partido de fútbol le adjudicas a la madre del árbitro la profesión de meretriz porque no vio un penalti, tu hijo aprenderá que ejercer la violencia está mal pero que se puede emplear igualmente.

Cuando nos quejamos de la corrupción política, la ineficacia o la indolencia de una población que termina convirtiéndose en cómplices ignorantes de quienes nos gobiernan, nos olvidamos de que todos ellos fueron niños una vez. Como decía Julio Anguita, los políticos no son una raza aparte, no han brotado de la tierra ni han caído del cielo, han salido de entre nosotros. Muy acertadamente, el Califa nos decía que la clase política no es sino la manifestación sintomática de una enfermedad que padecemos todos, desde el político hasta el panadero, desde el congresista hasta el profesor. En otras palabras, los políticos son la flema, las pústulas y úlceras de una sociedad que es el germen, el caldo donde se cultivan y reproducen. Nosotros estamos enfermos, y ellos son los sintómas.


Los políticos fueron niños educados con principios cuestionables (entre otras cosas porque muchos de ellos vienen de estirpes de políticos). En nuestras manos está cambiar ese caldo de cultivo. Y para ello se debe ejercer una paternidad responsable. No enseñar sino educar, y sólo se puede educar siendo un ejemplo de honestidad, moralidad y empatía. En esto, los hombres debemos asumir nuestra parte de responsabilidad, que pasa indefectiblemente por solicitar la custodia compartida. Padres divorciados, asumir vuestras responsabilidades económicas y pagar la pensión de alimentos no os convierte en padres. Luchar por la custodia compartida es vuestra obligación moral 

¡Saludos!





2 comentarios:

  1. Señor Tivi, usted como siempre me asombra. Se necesita gente como tú que publiquen grandes verdades y no textos audaces teñidos de mentiras que ocultan las verdades incómodas.

    Justamente hoy estaba comentando con un amigo que la verdad es que la educación Española es terrible por su sistema. A excepción de pocos profesores - que gracias a Dios alguno me he encontrado - Nos dan libros para que los memoricemos, no para que los estudiemos. Salimos al mercado laboral inválidos en sabiduría y saturados de información que no consideramos necesaria.

    Y desde luego padres que piensan que en un colegio/instituto/universidad hacen todo el trabajo para ellos, y los padres actúan como sus ecos... Solo consiguen que esos niños lleguen a la edad adulta sin ningún tipo de valor.

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    1. Puedo entender que después de ocho horas de trabajo, llegar a casa y tener que limpiar, cocinar, planchar... queden pocas fuerzas para "preocuparse" en inculcar valores éticos a un niño, pero ser padres es mucho más que poner un plato de lentejas sobre la mesa... Y con respecto a lo que dices sobre la educación, parece que el sistema educativo se esfuerce en hacer de la formación académica la cosa menos atractiva del mundo... ¡Saludos!

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