domingo, 7 de junio de 2015

Acepta y calla







Ser feminista en la actualidad significa aceptar sin cuestionar un dogma. Una ideología cuasi religiosa basada en un conjunto de afirmaciones que no pueden ponerse en duda bajo ningún concepto. Una de ellas es que la Ley Integral de Violencia de Género es perfecta, y cuestionarla es una indignidad, por eso de que salva vidas y tal. No importa que los datos oficiales de violencia de género desmientan que salve vidas, contradiciendo su pretendida eficacia. Es la ley, y hay que respetarla. Curioso de un sector predominantemente de izquierda, que luego aplaude cuando Ada Colau llama a la desobediencia civil de las leyes que “considera” injustas. Señora Colau, la desobediencia civil es un recurso de quien no ejerce el poder político. Usted ejerce un cargo público electo por los ciudadanos, de manera que si una ley es injusta, tiene la responsabilidad política de intentar cambiarla o modificarla. Deje que desobedezcamos los ciudadanos, si no le importa.

El maltrato inverso o maltrato hembrista no existe. Si es que se da el hecho de que una mujer asesina a su pareja o expareja es sólo un hecho aislado. Déjenme decirle que en 2014 hubo once casos aislados. Por supuesto, en primero de adoctrinamiento de género (una asignatura troncal de los generistas) se enseña que ante un dato como el que he expuesto se recurre a las mujeres asesinadas por sus parejas. Sí, en el curso de ese mismo año fallecieron cincuenta y cuatro mujeres (casi cinco veces más) y eso, siguiendo la lógica generista, invalida las once víctimas masculinas. Díganle eso a los padres y hermanos de uno de esos once fallecidos. Díganle que la violencia de género nunca tiene por víctima al hombre. Que por la muerte de su hijo o hermano han fallecido cinco mujeres. Seguro que les agradece esa aportación cuando terminen de depositar los restos de ser querido y darle el último adiós.

El SAP (Síndrome de Alienación Parental) tampoco existe. Que es una filfa. Que flota, abstracto e impreciso, y carece de presencia en la tabla periódica. Para argumentar la inexistencia del SAP recurren de nuevo al dogma. El SAP no aparece en el DSM (el manual de diagnóstico más completo y prestigioso de la psiquiatría) y no lo acepta la OMS (Organización Mundial de la Salud). De nuevo el argumento de autoridad, que sólo es válido cuando no contradice la ideología. Les recuerdo que, hasta 1973, el DSM consideraba la homosexualidad y la transexualidad como un trastorno mental, y que la OMS las reconocía como tal hasta 1990. En definitiva, si las autoridades benefician el negocio es ley. Si no lo hace es una muestra más de hasta dónde llegan los tentáculos del patriarcado.



Los ideólogos de género tienen bula eclesiástica. Una patente de corso otorgadas por ellos mismos que les permite decir barbaridades, aunque luego ellos sean intransigentes con comentarios mucho menos ofensivos en su contra. Pueden decir cosas como lo hace para evitarse pagar la pensión alimenticia cuando un padre solicita la custodia compartida. Encubrir delitos (negar la existencia de denuncias falsas) o ser directamente cómplices de él (criticando la persecución de dicho delito). Imaginad si alguien dijera la mitad de las locuras que ellos se permiten decir. Debemos desmontar el chiringuito, que el verano ha sido demasiado largo ya.


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2 comentarios:

  1. Buen repaso al "grado en generismo".....fantastico y en el clavo como siempre

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