lunes, 15 de junio de 2015

Del “cambio” a la destitución







No se tratan de tweets desafortunados, sino de dos tipos con más responsabilidades que galones. Uno de ellos (Zapata) con una fijación extraña sobre chicas asesinadas y otro (Soto) con una obsesión fetichista por las guillotinas. El primero de ellos aseguró que sólo se trata de “humor negro” (sea lo que sea que signifique eso) y el segundo se apresuró a eliminar sus tweets con exiguos resultados, pues todos hemos podido leer sus revolucionarias propuestas políticas sobre quemar bancos y asesinar ministros. No negaré que he fantaseado alguna vez con entrar en el congreso y pillar in fraganti a ministros de la rosa y la gaviota, votando propuestas de “austeridad” y jugando al Candy Crush, portando en mis manos un AK-47, como Tony Montana en la escena final de El precio del poder. Pero desde luego se trata sólo de pensamientos oníricos que no buscan materializarse, una forma de expresar el rechazo que me provoca determinadas situaciones. Es algo humano y seguro que muchos de los que me leen se habrán sentido identificados.


Lo que no haría jamás sería jactarme de ello y expresarlo públicamente, y aún más si tuviera responsabilidades políticas y representara a millones de ciudadanos. Y mucho menos inventar el lado cómico de tragedias como el de las niñas de Alcácer, caso que quedó para la vergüenza eterna del ser humano. Los de la izquierda sectaria han utilizado varios argumentos para defender la vileza de Zapata. Algunos arguyen que se trata sólo de humor, un mecanismo para sobrellevar la maldad que a veces acompaña al ser humano. Me gustaría saber si ellos “sobrellevarían” mejor la maldad del ser humano, o la inevitabilidad de esos crueles actos, si fuese su madre la víctima y el objeto de burla. ¿Me retwitearía Zapata si yo afilase mi ingenio para reírme de ello? Otros argumentan que esos tweets tienen muchos años, pero déjeme decirles algo; la estupidez no pre-escribe y, por desgracia, suele ser una enfermedad degenerativa, así que no creo que Zapata esté ahora mejor de su padecimiento. Y luego están los que emplean el “y tú más” y se pasan horas buscando y rescatando tweets o declaraciones (igual de miserables, por supuesto) de adversarios políticos. Estrategia muy propia de la casta, por cierto.


Pero puestos a rescatar tweets desafortunados, recordemos a la socialista Marta Saavedra;










Militando en un partido que tiene más de 85 políticos imputados ejerciendo cargos públicos, me atrevería a decir que el porcentaje de compañeros corruptos supera ampliamente al de hombres maltratadores. Así que podríamos decir, siguiendo su ejemplo, que bien vale un socialista inocente en prisión por tantos casos de corruptos.    







Por supuesto, la izquierda sectaria dictando sobre qué tragedia humana es lícito bromear y cuál es intocable para ese "humor negro" del que presumen. Convencida sobre la diferencia (si es que existe) entre dos ejemplos de barbarie humana. Los "progres" de baratillo y su superioridad moral, producto de una vida vivida con poca lectura y mucha revolución de cartón. Gracias, Barbijaputa, por señalarnos el camino a seguir y enseñarnos sobre qué cosas poder reírnos y sobre qué cosas callar. 




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