miércoles, 17 de junio de 2015

Discurso y acto




Todos los individuos tienen sus contradicciones -a menudo, la incoherencia es inherente al ser humano- y esto puede extrapolarse a los movimientos e ideologías, que, al fin y al cabo, es producto del pensamiento de seres humanos. Sin embargo, cuando las contradicciones superan en número e importancia lo razonable y racional, cuando el discurso y la ética/conducta de un movimiento incurre en graves incoherencias lógicas, descubrimos que ese movimiento es artificial, vacuo y carente de sentido. Veamos algunas incoherencias que podemos detectar entre el discurso y la conducta de la ideología de género: 


Discurso: Vivimos en un sistema patriarcal que relega a la mujer a un plano inferior y de sumisión. 
Acto: Sólo en Andalucía existen más de 2.000 asociaciones promocionadas o subvencionadas por la Junta de Andalucía. Se destina 3,4 millones en subvenciones públicas para asociaciones feministas (marcando la casilla del 0,7 se destina mucho menos para la Asociación Española Contra el Cáncer). Las leyes de divorcio otorgan la custodia monoparental a la mujer por defecto, así como la vivienda familiar y pensiones alimenticias que, a menudo, dejan en una grave situación de desprotección económica al hombre. Además, el código penal registra delitos en función del sexo de quien los comete, considerándose muchos de ellos meras faltas si los comete una mujer. 



Discurso: La mujer dedica más tiempo al cuidado y crianza de los hijos, siendo un factor determinante para que no tenga las mismas ventajas laborales que los hombres, que no soportan esa dura carga sobre sus espaldas.
Acto: Estoy en contra de la custodia compartida, que supondría la división equitativa del esfuerzo en el cuidado y crianza de los hijos. 


Discurso: Defiendo a todas y cada una de las mujeres.
Acto: La custodia monoparental impuesta deja desprotegidas a abuelas paternas, que no pueden disfrutar de su nieto en la misma proporción en que lo hace la familia de la custodia. También son mujeres, sí, pero son daños colaterales. 


Discurso: Mi cuerpo es sólo mío. No puedes decidir por mí. Hago lo que quiero con mi cuerpo. Estoy a favor de que decidamos interrumpir nuestro embarazo. Me visto como quiero. 
Acto: No puedes elegir libremente ser stripper, prostituta o, simplemente, salir semidesnuda en televisión porque es cosificar y sexualizar a la mujer. 


Discurso: Estamos en contra de la educación segregada por sexos. 
Acto: No suelo relacionarme con hombres, o no discuto con ellos, o no escucho sus opiniones o argumentaciones. Me rodeo principalmente de mujeres (y, concretamente, mujeres feministas). 


Si hacemos un pequeño ejercicio, y leemos sólo lo que pone en el apartado “discurso” pensaremos que el feminismo es una cruzada justa contra la opresión y la barbarie (un servidor está a favor de la mayoría de esos puntos, como el derecho a decidir sobre la interrupción del embarazo o ser contrario a la educación segregada), pero si leemos la conducta de los ideólogos de género que pronuncian esos discursos apreciaremos sus “sutiles” incongruencias.



 



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