martes, 30 de junio de 2015

James Alfon; Licencia para maltratar








El feminismo y el socialismo en España son una pareja tóxica, un amor malsano, una perniciosa simbiosis que no debe quebrarse para continuar parasitando los recursos del estado. El feminismo persigue (al menos así dice su discurso) la igualdad de la mujer en una sociedad patriarcal. Esta izquierda marxista, cebada por el descontento, la impotencia y la desidia ante rescates a banqueros, aforados, tarjetas negras, eres y sobresueldos, busca la revancha de una guerra perdida ochenta años atrás. Pero, ¿qué sucede cuando los supuestos objetivos que persiguen son un obstáculo para su relación de mutuo beneficio? Pues que ese “mutuo beneficio” es más importante.


Vimos un ejemplo de ello en el caso Alfon; un muchacho joven pero con un amplio historial delictivo, seguramente más extenso que su curriculum vitae, y en el que se detallan no sólo delitos de posesión de anfetaminas sino robo y agresiones sexistas y homofóbicas contra chicas lesbianas. Pero cuando es detenido en una manifestación de izquierda, con explosivos y metralla en su mochila, defendiendo su derecho de explosión (perdón, de expresión), de repente #TodasSomosAlfon. ¿Seguro que todas? ¿Ese “todas” incluye a las chicas que fueron agredidas por él? Los medios y las redes mostraron amplias manifestaciones de apoyo feminista a un tipo que ejemplifica la máxima expresión de machismo y homofobia. La explicación a tan extraño y contradictorio fenómeno es de una simplicidad que asusta. Alfon será un agresor de género, sí, pero es de izquierda, y la izquierda es el vehículo que usa el feminismo para conseguir sus objetivos políticos. En otras palabras, Alfon tiene licencia del feminismo para maltratar mujeres. ¿Os acordáis del caso López Aguilar? Pues eso.


Y tanto monta monta tanto, desatarlo como cortarlo. Lo mismo se puede decir de la izquierda, la autodenominada ideología más feminista, que redacta leyes que violan el derecho a la presunción de inocencia de todos los hombres menos de los que tienen carné del PSOE. Y coronados en la cumbre de la hipocresía están los nuevos conversos de la socialdemocracia, antaño bolivarianos que buscaban explicaciones políticas al disparo en la nuca de taxistas y concejales, fervientes enemigos del desahucio que, sin embargo, defienden leyes que desahucian a miles de hombres tras los divorcios. Socialdemócratas que ven el lado trágico de separar presos terroristas de sus familias y apoyan que mujeres separen a hijos de sus padres. Progres de baratillo, con un discurso viejo y pasado de moda, repletos de expresiones como guillotinas, fascismo y casta, más propio de los siglos diecisiete a principios del veinte que de la realidad social de la actualidad (al final los más modernos son los más carcas).


Feminismo y socialismo; una historia de amor insana como la que sale en los anuncios recaudatorios del 016, que ha tenido a Alfon como hijo. De padres así no me extraña que el chaval esté en villa candado.





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