lunes, 1 de junio de 2015

La diferencia entre encubrir y ser cómplices





Encubrir un delito y ser cómplice de él son infracciones distintas, y llevan aparejadas, por tanto, sanciones distintas. Negar la evidencia de que ninguna mujer denuncia falsos malos tratos es atentar contra el más mínimo sentido común. La existencia de denuncias falsas existe a todos los niveles, y la violencia doméstica no es una excepción. Pero si además se pueden obtener beneficios legales o económicos al interponer una falsa denuncia por violencia de género, y no tiene consecuencias para la denunciante, aún si se prueba la falsedad de dicha acusación, se incentiva especialmente el mal uso de los recursos de que disponen las víctimas de violencia de género. Negar que existan denuncias falsas es encubrir un delito.

Pero el grupo socialista va más allá, y lejos de quedarse en el encubrimiento (o negación u ocultamiento) de un delito a sabiendas de que se produce se convierte en cómplice del mismo. La complicidad en la comisión de un delito es una infracción mayor y de consecuencias más graves que el encubrimiento del mismo. La diferencia entre el que encubre un delito y el que es cómplice de él es que, el primero, tiene conocimientos de su comisión pero no informa a las autoridades, mientras que el segundo no sólo tiene noción del delito sino que participa activamente en que se produzca.

Cuando el Partido Popular propuso que las denunciantes que no pudieran sostener con pruebas la acusación pagasen el coste de los servicios de protección de los que se hubiesen beneficiado (sin necesitarlos), el PSOE se opuso enérgicamente. Los socialistas argumentaban que esta medida provocaría que las víctimas de violencia de género se lo pensaran mejor antes de denunciar su situación, lo que sería poner obstáculos a la mujer maltratada. Una muestra más de la manipulación del PSOE en un tema tan sensible como el de la violencia de género. Esta medida no pone obstáculos a la verdadera mujer maltratada, sino que advierte a la que abusa de la asimétrica Ley Integral de Violencia de Género. No pone trabas a denunciar, sino a denunciar con falso testimonio.

Las primeras beneficiadas de la medida propuesta por los populares son, precisamente, las mismas mujeres maltratadas. Imaginad si el coste económico (apoyo psicológico, asesoramiento legal, pisos tutelados, sistemas de protección, recursos judiciales) que malgasta una falsa víctima de malos tratos se invirtiera en las verdaderas víctimas, ¿cuántas mujeres, que viven realmente el drama de la violencia, se beneficiarían de dichos recursos? Pero la pregunta es, ¿desde cuándo le han importado esas mujeres al partido socialista, interesado sólo en que la cifra de denuncias por violencia de género (reales o falsas) no disminuya para seguir alimentando el negocio?

El PSOE se escuda en un argumento tan frágil como los que suelen ser habitual en los mercenarios de género. Afirman que, al tratarse de un delito cometido en el ámbito privado, es muy difícil de demostrar. Como apuntó un compañero en este mismo blog, eso es una falacia. Precisamente al ser un delito continuado (que se repite en el tiempo) y ser fácilmente predecible, la reunión de pruebas no es complicada para una mujer que quiera denunciar su situación. De otro modo, y siguiendo la lógica del Partido Socialista, la única prueba exigible para quien acusa a su pareja o expareja de violencia doméstica es única y exclusivamente su palabra.

¿Por qué lo que se exige en la denuncia de otros delitos de diferente naturaleza (pruebas) no se exige en los casos de violencia doméstica? Si mi vecino monta un laboratorio de drogas en su casa, ¿por qué mi testimonio es insuficiente para enviarle a la cárcel mientras una mujer puede hacer lo propio con su pareja con mis mismos recursos? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para seguir protegiendo su indecente negocio?




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