lunes, 20 de julio de 2015

El mito de Sísifo




Tanto los que luchan por derogar la abyecta Ley Integral de Violencia de Género como los que defienden la custodia compartida se enfrentan al mismo obstáculo; el feminismo. Un movimiento social con un esplendoroso pasado y un presente decadente. Una ideología usurpada por gente mezquina, escondida tras un cínico discurso de igualdad que promueve, no obstante, la segregación y el prejuicio. En ese discurso hipócrita y demagógico, el feminismo se ha autoproclamado defensor de la mujer. Su perorata ha calado tanto en el pensamiento colectivo que para la mayoría de personas arremeter contra el feminismo equivale a ser un machista reaccionario. El feminismo es, por tanto, el Alfa y el Omega.


Incluso personas que luchan por la derogación de la LIVG o por la custodia compartida, y que han dejado sobradamente acreditado su compromiso, siguen sin poder condenar la nefasta ideología que se les opone en la consecución de los objetivos por los que pelean. Muchos continúan sin poder deshacerse de ese tabú y les cuesta definirse abiertamente como anti-feministas. Sin embargo, y mientras el feminismo siga gozando del prestigio que concede el erigirse en defensa de la igualdad, la lucha de estas personas serán análogas a la de aquel desdichado dios, Sísifo, obligado a empujar una piedra que siempre volvía a caer. Por tanto, luchar contra la LIVG o la custodia monoparental impuesta es luchar contra la ideología demagógica, victimista y oportunista que las defienden.


El feminismo “la ideología de la igualdad” es, justamente, lo opuesto al igualitarismo. El igualitarismo celebra las diferencias entre hombres y mujeres como algo enriquecedor, pero defiende su igualdad ante la ley; el feminismo rechaza las diferencias entre hombres y mujeres pero promueve la desigualdad ante la ley. Para el feminismo, la diferencia entre hombres y mujeres es el pernicioso efecto de una educación patriarcal, que obliga a las niñas a jugar con Barbies y a los niños con balones de fútbol, pero redactan, aprueban y defienden leyes que condenan a unas y otros con distintos castigos para los mismos delitos.


No, condenar el feminismo no es ser machista. Eso es lo que nos han hecho creer los ideólogos del generismo, para gozar de invulnerabilidad mientras siguen haciendo y deshaciendo, mercantilizando vilmente el dolor del maltrato. No, condenar el feminismo no es atentar contra la mujer. Para empezar, porque los principales predicadores de la heterodoxia feminista son hombres; López Aguilar, Zapatero, Miguel Lorente… Condenar el feminismo es rechazar una ideología nefasta para unos y otros. Es revelar la verdadera cara de un negocio indecente. Perded el miedo a decir yo condeno el feminismo.



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