sábado, 25 de julio de 2015

Hay que luchar contra la lenguaja sexista



Esta artícula estará escrita íntegramente en femenina, suprimiendo la masculina, para solidarizarme con las concejalas de Somos Corvera, una formación política de una conceja de la municipia de Asturias, a pesar de que me ha estallado la correctora de la página de Word, y casi me revienta la carótida modificando la génera de cada palabra. Toda sea por luchar contra esa lacra de la machisma en la lenguaja, que es la principal preocupación de las españolas.



(Esta es la concejala Rogelia Crespo, la pródiga mente detrás de la iniciativa)



Otre opción propueste por el feminisme para combatir el sexisme en el lenguaje es la de usar el sufijo –e para sustituir las clásiques terminaciones –a y –o que tantas muertes producen al año. Segure que con estes medides conseguimes erradicar el maltrate de la mujer, solucionar el delicade teme de la breche salarial y visibilizar a le génere femenine.
Hay eruditxs e intelectualxs como Beatriz Gimenx, sin embargx, que utilizxn otrxs formxs de luchar contrx lxs letrxs opresorxs. Por ejemplx, escribir como si fuerx el códigx cifradx de una organización secretx de gilipollxs.

Ahora en serio, queridas enemigas del patriarcado, decidme que hay una cámara oculta, o que Juan y Medio saldrá con un ramo de rosas diciendo que todo ha sido una inocentada. El lenguaje no puede ser sexista si no ha existido en su concepción el expreso propósito de sojuzgar a la mujer. Y la prueba irrefutable de la ausencia de ese propósito opresor es la infinidad de términos femeninos indiscutiblemente positivos que encontramos en nuestra lengua; la justicia, la verdad, la razón, la clemencia, la fuerza, la valentía, incluso términos universales como la humanidad y –paradójicamente- la masculinidad. Pero, además, las feministas del sexismo lingüístico hacen alarde de su atrevida imbecilidad cuando confunden género gramatical con sexo. La palabra hombría, por ejemplo, es de género gramatical femenino, la hombría, pero todos sabemos que es un concepto masculino, ya que las mujeres no tienen hombría. La palabra clítoris es de género gramatical masculino, el clítoris, y todos sabemos que ningún hombre tiene clítoris.


En la frase nosotros fuimos a una manifestación no se excluye a la mujer, de la misma manera que cuando decimos las personas afectadas por la crisis no se excluye a los varones afectados. En la frase los leones comen caballos salvajes no es necesario emplear la política integradora que pregona la inculta retórica feminista, para que las leonas o las yeguas no se sientan discriminadas o excluidas. Se trata únicamente de simplificación lingüística. ¿Imagináis el absurdo de incluir la presencia efectiva del femenino en cada frase? Los doctores elegidos y las doctoras elegidas operaron a los pacientes y a las pacientes del hospital o los doctores/as elegidos/as operaron a los/las pacientes del hospital. El lenguaje quedaría deformado hasta niveles absurdos, repletos de ridículos circunloquios e irracionales desdoblamientos que empobrecerían una de las lenguas más extendidas de nuestro planeta.


Es posible que en ciertos fenómenos gramaticales puede existir un sustrato social, pero sus efectos en la conciencia lingüística son totalmente inexistentes. Es decir, desdoblar las palabras o inventar nuevos sufijos no fomenta o reduce el sexismo. No, para creer en la igualdad entre hombres y mujeres no es necesario escribir como si hubieses sufrido un ictus o se te hayan estropeado algunas teclas del ordenador.


Es cierto que, en algunas expresiones, el femenino tiene un innegable sentido negativo. Así pues, la expresión zorro está relacionada con la astucia, mientras que el femenino zorra tiene connotaciones peyorativas y sexistas. Ahora bien, el culpable no es el lenguaje en sí sino el significado atribuido al término. Es decir, si le digo a una mujer eres el femenino del zorro se sentirá igual de ofendida que si le digo eres una zorra, aunque no haya utilizado dicha palabra. Así pues, el sexismo no está en el lenguaje sino en el sentido que le queramos dar.


Este ataque frontal a la lengua no es otra cosa que un ataque a la cultura, pues la lengua es el vehículo de la cultura, la memoria colectiva de un pueblo, o conjunto de ellos. Y un ataque a la cultura es la más vieja herramienta de los regímenes totalitarios, dando las feministas significado a la famosa frase que se atribuyó a Millán Astray; ¡muera la inteligencia!


Más en @eltivipata






4 comentarios:

  1. Más razón que un santo. Eliminemos neolengüismos como heteropatriarcado también.

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    1. Si tuviésemos que eliminar estos vocablos, ¿cómo se podrá comunicar la izquierda? Sólo repiten como un mantra; patriarcado, lucha de clases y revolución...

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  2. Ole tus ovarios, tus testículos, tus gónadas o lo que sea. Elige tú el género que quieras, el castellano es rico y elegante hasta para eso. Enhorabuena por el artículo, le doy difusión.

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    1. Es rico y elegante, por eso tenemos que decirles a nuestros amigos de la lucha de género que dejen la lengua a los filólogos, lingüistas y escritores y se dediquen a lo que sepan hacer, sea lo que sea lo que sepan...

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