lunes, 13 de julio de 2015

La delincuencia positiva







Podríamos definir la discriminación como el trato desigual y pernicioso hacia una persona por razón de etnia, religión, sexo, clase social, ideología política o cualquier otra circunstancia. Nadie que tenga un mínimo sentido común admitiría que la discriminación es algo justo, necesario o tolerable. No obstante, las políticas de igualdad emplean con frecuencia medidas de discriminación positiva con el objetivo –al menos, en su discurso- de reparar una injusticia histórica sobre un sector discriminado. Ahora bien, ¿puede ser la discriminación algo positivo, por muy elevado que sean los propósitos que dicen perseguir? ¿Tiene algún sentido añadir el adjetivo positivo a la palabra discriminación?


La expresión discriminación positiva es una filfa, una invención de ingeniería social de Quimicefa, un artificio que no sólo no repara una injusticia histórica, sino que fomenta la segregación, daña la meritocracia y crea injusticias que antes no existían. Y, desde luego, sólo busca el voto fácil del sector “discriminado”. Con la fácil unión de dos palabras antagónicas –discriminación, palabra con connotaciones negativas, y positiva, expresión de carácter laudatorio- han creado una expresión que se ríe de la lógica aristotélica -de haberla oído, Aristóteles se habría tomado él mismo ración doble de cicuta-. No nos engañemos, no puede haber discriminación positiva para un sector de la población sin que exista una “discriminación negativa” para otro sector. Sería como decir que las leyes del Apartheid no discriminaban a los negros sino que discriminaban positivamente a los blancos.


Como dije en otra ocasión, Susana Díaz iba a implementar un criterio de desempate en oposiciones a puestos del sector de la sanidad basado en el sexo. Con esta descabezada medida pretendía reparar una pretendida discriminación de género en el ámbito de la sanidad en Andalucía. En primer lugar, de los 92.711 profesionales del SAS, el 68% son mujeres, frente al 32% masculino –según datos de la propia Consejería de Salud en 2013-. Pero con la medida pretendida por el PSOE, si un hombre y una mujer empatan en una oposición del SAS, será la mujer quien –no habiendo hecho más méritos que haber nacido con el sexo adecuado- pase a engrosar la lista de personal sanitario femenino, aumentado aún más la brecha existente.



Pero, incluso si la realidad fuese otra, ¿es positivo fomentar medidas de discriminación positiva? ¿Cómo le explicas a un joven que oposita para un puesto de enfermero que la compañera que empató en el examen tiene prioridad sobre él por ser mujer? ¿Cómo le cuentas que esa medida sirve para reparar una injusticia que él no ha cometido, para beneficiar a una chica demasiado joven para haberla sufrido? Que no nos engañen; hablar de discriminación positiva es como hablar de delincuencia positiva, estafa positiva o agresión positiva. Otro concepto artificial y pernicioso para conseguir votos.   



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