sábado, 4 de julio de 2015

La dictadura








En otros tiempos -ya superados aunque el feminismo siga empeñándose en hacernos creer lo contrario- las mujeres tenían que escuchar comentarios donde se cuestionaban sus aptitudes para realizar un empeño concreto. ¿Una mujer ingeniera? ¿Una mujer policía? ¿Una mujer dirigiendo una empresa? Ahora somos nosotros los que soportamos comentarios donde se cuestionan nuestras aptitudes como padres. ¿Custodia compartida? ¿Quién mejor que una madre para cuidar de sus hijos?


Pues sí, decir que un padre no puede cuidar de sus hijos con la misma eficiencia que una madre es igual a cuando nuestros abuelos no concebían que una mujer pudiera diseñar un rascacielos. No hay ninguna diferencia. Cuando una feminista argumenta en defensa de sus privilegios que los hombres somos irresponsables o descuidados en la crianza de un hijo están actuando como el machista que dice que una mujer no tiene la validez para empeñarse como arquitecto o mecánico. La diferencia es que cuestionar lo primero es visto con una normalidad vergonzosa, arraigada en lo profundo de un matriarcado ancestral, y cuestionar lo segundo es ser machista, retrógrado y opresor. De acuerdo en lo segundo, vehementemente en contra de lo primero. No podemos ver con normalidad comentarios donde se cuestione nuestra valía como padres, pues no hay nada que una madre pueda hacer y un padre no, con la natural excepción de darles el pecho.


El feminismo cuestiona la valía del hombre de la misma manera que el machismo cuestionaba la valía de la mujer –pero el feminismo no es lo opuesto al machismo, por supuesto-. El feminismo no admite que se añada la conjunción adversativa pero después de declararte feminista. Es decir, si dices soy feminista pero… cualquier cosa que añadas después invalidará la afirmación anterior. Por tanto, ser feminista es aceptar el dogma que te imponen. Deshazte del pensamiento crítico y carga tu disco duro con el virus que te inoculen. El feminismo tiene ínfulas mesiánicas; nada es moralmente aceptable si no cuentan con él. Ningún movimiento social o político es bueno si no tiene su principio en esa ideología de otros tiempos, usurpada por caraduras que descartaron trabajar para ganar dinero y han encontrado su modus vivendi en la segregación, en confrontar a hombres y mujeres, en un conflicto interesado que no es en absoluto inocuo. Cínicos de la igualdad interesados en que exista desigualdad para seguir llenando sus bolsillos.



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