viernes, 17 de julio de 2015

Violencia doméstica en el antiguo Egipto









Cuando uno admira las espléndidas construcciones de la necrópolis de Guiza, nos resulta imposible no contener nuestra fascinación por las inmensas pirámides de los faraones Keops, Kefren y Micerinos. Nos preguntamos cómo pudieron erigir aquellas tumbas fastuosas, atemporales, con los rudimentos de una ciencia casi tan vieja como el eterno desierto donde se yerguen. Hay quienes buscan la explicación en las estrellas a las que las agujas de aquellas pirámides parecen señalar, y creen que fueron inteligencias cósmicas las que construyeron los palacios que debían servir de residencia a los faraones, cuando su envoltura de carne mortal se consumiera. Otros son más prosaicos, y explican que fueron ejércitos de esclavos los que, bajo el terror de los chasquidos de látigos, amontonaron aquellos monstruosos bloques de piedra unos sobre otros. Sin embargo, ni los amigos de la ufología ni los viejos historiadores estaban en lo cierto. No, las pirámides no fueron levantadas por civilizaciones extraterrestres ni por esclavos; fueron construidas por trabajadores asalariados.


Los historiadores modernos señalan que percibían un sueldo, tenían derechos laborales y podían darse de baja. Los motivos que se consideraban justificables para no acudir al duro trabajo en la construcción de las pirámides eran –como bien explica el blogHistorias de la historia - la picadura de escorpiones, embriaguez y… ¡palizas de su mujer tras una discusión conyugal!


Seguramente se trate de la evidencia más antigua de violencia doméstica de la mujer al hombre, y no sólo se reconocía la existencia de agresiones físicas sino que, dichas agresiones, parecían estar socialmente aceptadas, hasta el punto de que un obrero podía ausentarse de su puesto de trabajo si era agredido por su compañera. En un principio, podríamos suponer que el feminismo ignora adrede estas antiquísimas evidencias de maltrato en sus cursos adoctrinadores subvencionados con el dinero público, pero en este caso voy a romper una lanza en su favor, pues no creo que sea censura sino un grave caso de incultura –no creo que lean algo que no sea “literatura feminista”-. Sin embargo, no cabe duda de que si algún feminista despistado llega hasta aquí y lee este artículo negará con la vehemencia que sólo el fanatismo puede otorgar que exista una violencia doméstica que no sea la que ejerce el hombre hacia la mujer.



Como cacarean Lorente y demás gentes de dudosa moralidad, y escasa y mezquina inteligencia, la violencia inversa no existe, y los historiadores del Antiguo Egipto que nos traen este curioso e interesante pedacito de nuestra historia no son más que piezas del engranaje machista de esta sociedad patriarcal. Porque en el feminismo maniqueo de esta gente, o piensas como ellos o estás equivocado. O peor aún, eres un machista opresor. Ellos dictan el dogma que hay que acatar sin cuestionar, sin pensar, sin preguntar, para esquilmar la lana de todos esos borregos que gritan ¡machismo mata!


Más en @eltivipata




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1 comentario:

  1. He leído con interés el artículo y no deja de causarme impresión, no te considero machista pues un machista no tendría la capacidad de dar este tipo de explicaciones. Es verdad que existe infinidad de denuncias de violencia de género falsas, yo conozco de buena tinta alguna, pero por desgracia también conozco lo contrario y te puedo asegurar que no es nada agradable el suplicio que puede padecer una persona (hombre o mujer)por esos actos. Reconozco que los hombres (en general) somos más viscerales y respondemos con violencia a las provocaciones, y las mujeres suelen ser mas dañinas a la hora de crear discordia, pero nada de este nos debe de apartar de la realidad y es que existen gran cantidad de mujeres asesinadas por su parejas, exparejas etc. y pienso que eso hay que combatirlo de la forma que sea precisa.

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