jueves, 9 de julio de 2015

Zanahorias para burras






Entre el 60 y el 70 por ciento de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas no denunciaron ser víctimas de malos tratos. Sólo en el 30 o 40 por ciento de los casos restantes existieron denuncias previas. No hace falta tener un gabinete de asesores –de esos escogidos a dedo entre primos, cuñados y demás fauna de domingo de barbacoa- para entender que se hace necesario animar a ese nutrido porcentaje de mujeres asustadas a denunciar su situación, antes de que engrosen las listas que las listas de la izquierda no tienen decoro en profanar, usándolas en las campañas de marketing de sus empresas feministas.


Pero, continuando la ya larga tradición de hacerlo todo mal, los expertos en políticas de igualdad ofrecen tentadores incentivos para la denuncia sumarísima e indiscriminada. Suculentas indemnizaciones, ventajas en procesos de divorcio y custodias, y regularización de su situación en el país para las mujeres inmigrantes sólo interponiendo una denuncia por violencia de género. Todo dirigido, sobre el papel, a que esas mujeres maltratadas en silencio superen el miedo que sienten hacia su opresor y denuncien. Y ahora, en Andalucía, feudo de un socialismo arraigado y un feminismo implacable, se ofrece un nuevo premio a la denuncia; privarles de pagar matrículas universitarias.


Pero la realidad es que el porcentaje de mujeres asesinadas que no denuncian sigue siendo el mismo. Seamos realistas; la mujer que tiene terror a su maltratador no se decidirá a denunciarle porque le regalen la matrícula de la universidad. Todas esas políticas de incentivación a la denuncia sólo incentivan al desatinado y abusivo uso de las leyes que debían asistir a las que ciertamente las necesita. En conclusión; las mujeres maltratadas siguen dentro del armario de la violencia doméstica y las mujeres indecentes se encuentran con que cada día es Navidad en nuestro paraíso de la igualdad de género.


Según datos de la Oficina de Información del Parlamento Europeo, España representa uno de los índices más bajos de violencia de género de Europa –y, por extensión, del mundo, si tenemos en cuenta que Europa es un lugar más avanzado en materia de igualdad que África, Latinoamérica u Oriente Medio- pero las verdaderas mujeres maltratadas siguen sin denunciar.



Las políticas de igualdad –sea cual sea la acepción que el Ministerio de Igualdad atribuya a la palabra igualdad- van dirigidas a incrementar el número de denuncias, sin discriminar entre verdaderas o falsas. Ofrecen zanahorias a las burras que, cual fría y vengativa Salomé, quieren la cabeza de su ex en bandeja de plata. Ofrecen dádivas a las fundamentalistas de la maternidad, a las capitalistas de la descendencia. Los Juzgados de Violencia de Género se van atestando de denuncias al tiempo que se llenan los bolsillos de sus directores de orquesta. Entre tanto, las verdaderas maltratadas siguen sin denunciar.  



Más en @eltivipata




No hay comentarios:

Publicar un comentario