lunes, 31 de agosto de 2015

El feminismo y el Ku Klux Klan







Recomiendo un estupendo artículo en el que un bloguero analizaba el concepto de “neomachista” según una enemiga del patriarcado. Encontré especialmente interesante algunas de sus reflexiones, que he desarrollado a continuación (no dejéis de leer el artículo al que hago referencia).


En el continuo proceso de criminalización masculina al que nos somete la machacona y repetitiva retórica feminista, está el persistente interés por convencer a la sociedad de que el hombre es un potencial agresor sexual. Es la llamada “teoría de la cultura de la violación” o, sencillamente, “cultura de la violación” (para la pseudo-ciencia feminista ni siquiera es una teoría, sino un hecho probado) y que consiste en creer que la violación o abusos son comportamientos aceptados por la sociedad. ¿Quién es el científico que realiza los estudios de género? ¿Flipy?


En la teoría de la cultura de la violación, la sociedad abala o normaliza las agresiones sexuales con comportamientos aceptados tales como la culpabilización de la víctima, la trivialización de la violación o la cosificación sexual. Sin ninguna base científica, sin ningún estudio antropológico o social, y sí con bastante desvergüenza y mucha misandria, dicha teoría asegura que el piropo o la atracción sexual hacia la mujer fomentan la cosificación sexual que, en últimos términos, y como hemos dicho anteriormente, sienta las bases para la cultura de la violación. ¿Piropear a una mujer fomenta o avala que se cometan agresiones sexuales?


La criminalización de conductas no invasivas como el piropo, o el mero hecho de seguir con la mirada el escote de una mujer atractiva que pasa por nuestro lado, no es inocente. Es un intento de mostrar una imagen del hombre como un ser hipersexualizado, incapaz de contener sus pulsiones sexuales y, por tanto, agresor en potencia (de nuevo, la indecente e insistente campaña de criminalizar al hombre). Pero, ¿es la primera vez que se utiliza la sexualidad como herramienta para discriminar a un grupo humano concreto? Lo cierto es que no.


En Estados Unidos, en especial a principios del siglo XX, un grupo prejuicioso e integrista como el feminismo (el famoso Ku Klux Klan), sostenía la idea de que el hombre negro era un ser, por naturaleza, hipersexual y, debido a su desmedido deseo sexual, suponía una amenaza permanente para la seguridad de las mujeres blancas. Tamaña imbecilidad fue aceptada en los pueblecitos de Missisippi, Alabama y Georgia, fuertemente influidos por la retórica del KKK, pese a que, en realidad, quienes cometían más abusos sexuales a mujeres negras eran, precisamente, los caballeros blancos de la triple K.


Es espeluznante el parecido entre la retórica feminista y la del Ku Klux Klan, y la similitud de sus campañas de odio.

Por otra parte, hago mención al común argumento dispensado por la abyecta ideología feminista sobre el hecho de que el hombre es una casta con privilegios, sosteniéndose en el dato de que el 90% de las personas que ocupan posiciones de poder (altos cargos públicos, banqueros y empresarios) son hombres. Este argumento, que aunque puede ser convincente para el no iniciado, es una falacia conocida como apex fallacy (si alguien conoce su traducción al castellano, le agradecería que lo pusiera en la caja de comentarios) que consiste en utilizar un dato de una minoría para extenderlo al resto del grupo en cuestión. Es decir, como el 90% de la minoría que ostenta el poder son hombres, todos los hombres poseen privilegios especiales. Sin embargo, el bloguero Gaueko identifica esa falacia y desmonta el argumento con insultante facilidad. El 90% de los indigentes también son varones. Utilizando la misma falacia, ¿podríamos deducir que el hombre es una casta oprimida y terriblemente discriminada porque la mayoría de los sin techos son hombres? Así es la retórica feminista…



Aquí el enlace del artículo al que hago referencia.




Más en @eltivipata




1 comentario:

  1. Vaya, muchas gracias por la (doble) recomendación.

    Alison Tieman, MRA cofundadora de las Honey Badgers, lo llama "narrativa de la amenaza", que es una forma de discurso del odio.
    Cuando un grupo odia a otro trata de deshumanizarlo y presentarlo como un peligro. Así alimentan y justifican su propio odio. La simple existencia del otro grupo es una amenaza, por lo que si les atacan son ataques preventivos o un acto de defensa.

    Tienes ejemplos en la propaganda de guerra. El otro bando siempre es el ofensor, el que nos ataca. Nuestras vidas corren peligro porque ELLOS son unos salvajes violentos que van a intentar matarnos, violar a nuestras mujeres y a nuestros hijos. Son animales, no se puede razonar con ellos. Tenemos que atacar ahora que tenemos la ventaja del factor sorpresa, antes de que ellos lo hagan (que lo harán).

    Tienes ejemplo en el nazismo. Los judíos son unos parásitos, sanguijuelas, usureros que están desangrando este país haciendo negocio con nuestra crisis. Y son unos pervertidos que usan su riqueza para aprovecharse de nuestras niñas
    http://www.lucifereffect.com/pix/nazi4.jpg

    También en los homófobos. Los homosexuales son pervertidos, desviados, enfermos. Son un peligro para nuestra juventud pues pueden corromperlos. Eso cuando no los pintan directamente como pederastas. Tenemos que hacer algo para protegernos de ellos.

    Otro ejemplo más, como bien mencionas, sería el racismo del KKK.

    El feminismo usa la misma narrativa. Los hombres son animales violentos. Son cerdos que sólo piensan en el sexo. Son egoístas, incapaces de amar, pederastas, violadores, maltratadores, asesinos... La propia teoría del patriarcado opresor, pilar central de la ideología feminista, no es más que una muestra de esta narrativa.

    Echaré un vistazo a tu blog, pinta bien.

    Un saludo

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