martes, 4 de agosto de 2015

Insensibilizados hacia la violencia hembrista







Cuando se producen varios asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas en un corto espacio de tiempo, se suele hablar de día trágico para la mujer. Muchas asociaciones feministas organizan movilizaciones, mostrando carteles con las ya conocidas y reiteradas consignas machismo mata, terrorismo machista o ni una más. Siempre me he preguntado qué es, exactamente, lo que reivindican con esas marchas. ¿Qué los crímenes son terribles? ¿Qué hay que condenar los asesinatos? Cualquiera que no sea un sociópata, cualquiera que pueda mínimamente empatizar con otro ser humano, sabe que todo crimen es terrible y debe ser condenado. Si lo que pretenden es reducir el número de mujeres asesinadas al año, tal pretensión sólo puede alcanzarse mediante propuestas prácticas y posibles. Es decir, el maltrato no cesará, el número de asesinadas no menguará, porque se organicen marchas de repulsa. ¿Alguien es tan ingenuo de creer que por enarbolar una pancarta va a conseguir que un indeseable deje de maltratar a su mujer o decida no asesinarla? 


Ahora bien, alguien me dijo que aquellas marchas de solidaridad no tenían el expreso propósito de salvar vidas, sino visibilizar las muertes y sensibilizar a una sociedad que parece minusvalorar la vida de las mujeres. Aquello hizo preguntarme hasta qué punto son invisibles los asesinatos de mujeres, y cuán insensibilizada está la sociedad cuando muere una mujer en tales circunstancias. 


Seamos honestos, ambas afirmaciones son rotundamente falsas. Cuando una mujer es asesinada, se activa un enorme aparato mediático para cubrir rápidamente la noticia, y ésta aparece en los telediarios de todas las cadenas. Y lo hacen con tanta precipitación que, a menudo, sacan conclusiones prematuras, como en el caso de Gibraltar, al que le dediqué este artículo, y donde metieron la pata hasta al fondo. No puede decirse lo mismo cuando la víctima es un varón. Por esa razón, poca gente sabe que en 2014 fallecieron once hombres a manos de sus parejas, o que esta misma semana una señora de ochenta y tres años mató a su marido a muletazos. ¿Alguien ha visto esta noticia en los telediarios? ¿El hecho de que haya menos varones muertos por violencia doméstica es óbice para que no acaparen ni siquiera una minúscula porción mediática? No, las mujeres asesinadas no son, precisamente, las víctimas que se silencian. 


Pero vayamos a la otra cuestión, ¿es cierto que la sociedad es indiferente o está insensibilizada a la violencia doméstica? La respuesta es igualmente negativa. Nuestra reacción ante escenas de violencia que tienen como víctima a la mujer es más intensa y empática que a la inversa. En muchas ocasiones, cámaras ocultas han filmado la reacción de los transeúntes ante un ejemplo y otro y los resultados no dejan lugar a la duda. Todos, hombres y mujeres, reaccionamos por norma general de manera más sensible y solidaria cuando la víctima es una mujer.




 




Piensen, por otra parte, en los crímenes que han sacudido a la sociedad en los últimos veinte años. Las niñas de Alcácer, Anabel Segura, Sandra Palo, Rocío Wanninkhof, Marta del Castillo, Mariluz, Asunta… Todos los casos guardan un paralelismo evidente; además de ser crímenes terribles, la víctima es siempre mujer. Cualquiera podría suponer, a la luz de estos casos mediáticos, que hay más asesinatos que tienen por víctima a la mujer pero, como recoge un estudio citado en el siguiente artículo (pinchar aquí) del País, los hombres tienen cuatro veces más probabilidades de morir asesinados que las mujeres. ¿No resulta curioso que, siendo más numerosos los casos de asesinatos a hombres, los crímenes que generan mayor repulsa social sean los que tienen por víctimas a la mujer? No, la sensibilización no es un problema, como tampoco lo es la invisibilidad. Las feministas que, con tanta pasión, condenan los asesinatos machistas deberían, tal vez, preguntarse si hacen bien en negar la existencia de denuncias falsas, que tantos recursos consumen de los aparatos de ayuda y protección de las verdaderas víctimas. Así que, menos machismo mata y más perseguir a las estafadoras que se benefician y acaparan, sin necesitarlos, los valiosos recursos que podrían salvarle la vida a la próxima mujer que aparezca en los telediarios.



Más en @eltivipata



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2 comentarios:

  1. Hay muy mal planteamiento en el concepto que pretenden vendernos.

    Las asociaciones, el gobierno en si, pretende visibilizar el maltrato de género. Realmente no, creen en la absurda idea de que un maltratador, es decir: un enfermo mental cuando vea sus bonitas campañas, sus pancartas con sloganes de repulsa, de repente deje atrás todo lo que le trastornado y aprenda que maltratar es una de las humillaciones más terribles que se le puede hacer a otro ser humano.

    Probablemente conozcan que el perfil de un maltratador viene de la mano con el control, la sobreprotección a su pareja, la humillación verbal, la degeneración de los lazos de pareja, e inclusive como hemos visto la sed de venganza contra tu ex pareja (muchas mujeres mueren por sus ex). Posiblemente también sepan que cuando un hombre o mujer se someten voluntariamente a tales actividades se debe a un grave problema de autoestima, un juego mental que acaba sometiéndote, un auto convencimiento donde la víctima se culpa una y otra vez. También apuesto que conocen que parte de todo estos procesos donde tomas para si todo lo positivo y negativo que te hará volverte un adulto, el ambiente en donde crezcas es importante.

    Un maltratador no se hace maltratador porque un día dice: me apetece zurrar a mi pareja. Y tampoco una víctima de maltrato que conoce sus derechos, que sabe diferenciar el bien del mal, se somete voluntariamente a vejaciones y malos tratos físicos porque se ha levantado un día con la pierna izquierda.

    La gente que conoce un poco de psicología sabe todo esto, el maltrato no es algo tan sencillo como visibilizar un problema, y mucho menos castigarlo públicamente. Se trata de algo más, que implica que esas asociaciones que piensan sus bonitas consignas, y todos los profesionales que viven de este negocio a pierna suelta decidan hacer bien su trabajo, y en lugar de condenar y abuchear públicamente, tengan interés por mejorar la educación emocional básica que tenemos en las escuelas. Que se refuerce tanto la educación emocional, como la moral en las escuelas. Que los profesores se impliquen más con sus alumnos y no decidan que por tratar a cuarenta alumnos en una clase, cree que esos niños aprenden algo, cuando hemos convertido la educación en mera memorización sin lógica.

    La violencia de género es un mal que comienza a secuestrar al futuro maltratador desde que es un niño,ergo la educación emocional que le des a ese niño es muy importante para que en el futuro sea una persona mentalmente estable.

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    1. Lo que propones son soluciones prácticas pero no interesa solucionar el problema sino eternizarlo para que siga rentando. Lo comparo con el terrorismo de ETA, hay quien sugirió que ETA podría haber sido erradicada mucho antes, pero era útil políticamente; no recuerdo quien dijo que ETA era como una úlcera, sangraba un poco pero se podía convivir con ella. Con la violencia machista sucede algo parecido (es útil para la política, captación de votos y además genera ingresos), así que lo tratan como una úlcera; sangra pero se puede convivir con ello.

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