lunes, 24 de agosto de 2015

La mujer del futuro




Hildegart  y su madre Aurora




La socialista y feminista Aurora Rodríguez Carballeira tenía un proyecto en mente; crear la mujer del futuro. La vanguardia de una nueva generación de mujeres cultas, bien educadas, independientes y, sobretodo, custodias de las ideas marxistas y feministas. Para emprender tan notable proyecto, Aurora debía elegir a la pareja adecuada, un hombre que no reclamara sus derechos paternos. Un capellán castrense, por su condición de religioso, era la elección perfecta. De esta manera, Aurora se aseguraba ser madre soltera, como así lo precisaba el proyecto que tenía en mente, y cuando hubo conseguido quedarse en cinta, la apasionada feminista se trasladó a Madrid desde su natural Ferrol.


Aurora no dejó nada al azar. Incluso el nombre escogido para la mujer del futuro estaba concienzudamente pensado; Hildegart, que según ella significaba “jardín de sabiduría” en alemán –si bien es cierto que Aurora había cometido un enorme error etimológico-. La educación que recibió Hildegart estuvo planificada al milímetro, y es justo reconocer que sus métodos pedagógicos funcionaron… quizás mejor de lo que ella misma hubiera deseado. A los ocho años, la mujer del futuro ya conocía cuatro idiomas. A los once, escribió un artículo sobre higiene sexual femenina. A los dieciséis, se licenció en derecho, y como no podía ejercer por su corta edad, inició los estudios de medicina. Educarla “en exceso” fue el gran error de Aurora, porque esculpió a su particular “Galatea” demasiado inteligente, y todos sabemos que esa es una característica incompatible con el dogma marxista-feminista.


Y así sucedió. La brillante joven escribió un libro que tituló ¿Se equivocó Marx? Que obviamente no fue bien acogido en el PSOE y UGT, donde militaba. En 1932, volvería a criticar la formación socialista, lo que provocaría su expulsión del partido. Hildegart se estaba rebelando contra las ideas que su madre había tratado férreamente de inocularle durante toda su vida. Es entonces cuando la relación entre madre e hija se deteriora sin remedio. Hildegart intenta emanciparse del demencial yugo al que le somete su madre/instructora, a lo que Aurora se opone amenazándola con que se suicidará si la joven le “abandona”. El terrible acoso y chantaje al que somete a su “Galatea” surte efecto, y consigue retenerla un tiempo. Sin embargo, la amenaza de huir de la prisión en que su obsesiva madre ha convertido su vida vuelve a poner en peligro la empresa de Aurora.


Un día, lo que más temía la “Pigmalión” ferrolana sucedió. La relación entre Hildegart y un muchacho llamado Abel estaba transcendiendo la mera amistad. Esa circunstancia tuvo un efecto tan devastador para el proyecto que Aurora había concebido como para la teoría pseudo-científica de Beatriz Gimeno, que dice que la heterosexualidad es una construcción social del heteropatriarcado. Aunque Aurora había “esculpido” a Hildegart para no relacionarse sentimental ni sexualmente con ningún hombre, se impuso el natural cóctel de hormonas en que la muchacha se había convertido debido a su edad, y la relación entre la mujer del futuro y Abel se iba estrechando. Aurora reconocería a un amigo que su hija echaría todo a perder si, como creía, se fugaba con su amigo.


Una noche, mientras Hildegart dormía, Aurora se deslizó a su habitación y le descerrajó tres tiros en la cabeza y un cuarto que atravesó su corazón. Aurora se entregó a la policía y anunció, flemática, que había puesto fin a una obra sublime. Fue condenada a veintiséis años de cárcel. En 1936 se le perdió la pista, lo que dio pábulo a muchas elucubraciones. Se dijo que había sido liberada durante la guerra civil antes de la llegada de las tropas sublevadas, también se dijo que fue fusilada, pero en 1977 se dio con su historial médico. Aurora murió en diciembre de 1955 en prisión. Nunca se arrepintió. El polifacético Fernando Fernán Gómez narró la historia en la película Mi hija Hildegart.



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