sábado, 29 de agosto de 2015

Madre no hay más que una






El caso que aquí presento es excepcional, incluso en el terrible ambiente de desigualdad sexual que se respiran en los juzgados españoles, pero no deja de ser producto de una sociedad polarizada, en constante y alarmante proceso de idealización –casi beatificación- de la mujer y criminalización del hombre.

Con la primera denuncia por violencia de género, Iván pasa la preceptiva noche en el calabozo. A su regreso a casa, descubre que su mujer ha decidido dejar las hijas de ambos bajo su custodia –pese a que, poco antes, le había acusado de maltratador-. La razón; había encontrado el amor con un desdichado, y precisaba soltar lastre. Poco después, la indecisa madre vuelve para reclamar la custodia de las hijas a las que había renunciado antes, y el juez concede su petición. Es entonces cuando comienza un infierno de malos tratos a las pequeñas y abandono de responsabilidades maternas –la mayor precisaba de una medicación que su progenitora no le proporcionaba-. Iván reporta a las autoridades la situación padecida por sus hijas, y reporta una agresión que él mismo ha sufrido en un supermercado. La fiscalía desoye las reclamaciones de Iván, aunque la indecisa progenitora vuelve a deshacerse de las pequeñas, manteniendo un régimen de visitas –y de violencia-.

Ante la desidia de las autoridades –o el abierto rechazo a sus denuncias- y mal asesorado, Iván comete el error de trasladarse con sus dos hijas para huir del infierno en que su exmujer parece haberse empeñado en convertir sus vidas. Por orden judicial, las niñas son arrebatadas de su padre e internadas en un centro de menores, sin ningún tipo de informe o seguimiento. La madre se presenta en el mencionado centro y se reúne con sus hijas –pese a la férrea oposición de éstas- y, para colmo de desvergüenza, escoge a la carta quedarse con la pequeña y “prescinde” de la mayor. El juez, no obstante, le concede la tutela de ambas.

Madre no hay más que una; en algunos casos, por suerte.





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4 comentarios:

  1. Me he quedado sin palabras. El sufrimiento de esas niñas y su padre debe ser terrorifica y sobretodo como la justicia no actúa. ¡Que desverguenza y degeneración!

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    1. Ese es el nefasto producto de la beatificación materna. La lógica siempre debe imponerse a los sentimientos.

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  2. Vivimos tiempos dificiles. Me decepciona haber luchado por la igualdad de la mujer. Antes con orgullo podias decir, SOY FEMINISTA, hoy esta claro que las aspiraciones de estas acróbatas y sus vaginas han dado la vuelta a la tortilla.Ni se me ocurre dudar que el patriarcado fue algo que existio y se estingio gracias a nuestra lucha, hoy toca luchar por los hombres y su dignidad

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    1. Por desgracia, y con lo fácil que es actuar con igualdad, todo se deforma por los intereses de unos y otros.

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