viernes, 25 de septiembre de 2015

Huyendo del problema








Me siento catalán; no me siento español”. Si el debate sobre la cuestión catalana termina con una apelación a los sentimientos nacionalistas (sea lo que sea que signifique eso), el debate está perdido. Los sentimientos son personales e intransferibles y, por definición, son lo contrario a la razón. Pero si debatimos con argumentos, ¿qué sentido tiene la independencia? ¿Qué razones conducirían a un catalán a votar por la independencia, en un hipotético referéndum soberanista?


No existe razón histórica para pretender la independencia. Los actuales territorios catalanes formaron parte de la Hispania romana, del reino visigodo (Barcelona fue la capital en los reinados de Ataúlfo, Máximo, Gesaleico y Teudis), y en el 717 fue tomada por los musulmanes. En el año 801, Barcelona y otros territorios actuales de Cataluña, como Gerona, fueron conquistados por los francos, y formarían parte del Imperio Carolingio como la Marca Hispánica, que habría de proteger la frontera sur del imperio de las pretensiones árabes. El Condado de Barcelona fue independiente alrededor del 988 y hasta 1150, año en que el conde Ramón Berenguer IV se casa con la reina Petronila de Aragón, lo que daría lugar a una unión dinástica. Como veis, Barcelona (que no Cataluña) fue genuinamente independiente poco más de 150 años.



¿Qué celebran en la Díada?

La Díada es el día de Cataluña, celebrada el 11 de septiembre, y que es usada con fines políticos para reivindicar la independencia. Pero, ¿los que enarbolan la estelada saben, exactamente, qué celebran? La Díada conmemora la caída de Barcelona a manos de las tropas del duque de Berbick (partidario de los Borbones), en 1714. Muchos catalanes creen en la actualidad (habría que culpar, quizás, a los profesores de historia catalanes) que aquella batalla supuso la conquista de Barcelona por parte de los españoles, adjudicándoles el papel de invasores y conquistadores. Eso es rotundamente falso. La toma de Barcelona está enmarcada en la Guerra de Sucesión Española, que fue un conflicto que comenzó con la muerte sin descendencia de Carlos II, y en la que se enfrentaron partidarios de las casas Borbón y Austria, que aspiraban al trono. No fue una guerra de conquista a Cataluña, ni una guerra de independencia catalana.


De hecho, la independencia era un concepto tan ajeno a la contienda que Rafael Casanova, el defensor de Barcelona en 1714, arengó a sus hombres con las siguientes palabras:



Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia y la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios.”



Como podemos apreciar, no se trata de una guerra por la independencia, sino de un conflicto dinástico. Una guerra civil. […] Por nosotros y por la nación española peleamos […] Decía Rafael Casanova, actualmente considerado héroe y símbolo del independentismo catalán.


Pero todo movimiento necesita un héroe, y si no existe, tienen que fabricarlo. No tienen razón lógica para querer la independencia, salvo el ya mencionado etéreo sentimiento. Pero, ¿en qué consiste, en realidad, ese sentimiento? Está impregnado en el más puro chovinismo. En la idea de que Cataluña (la raza catalana, que diría Junqueras) tiene un potencial superior, lastrado por una España sentida como un ancla de retraso cultural. Y les han hecho creer que desprendiéndose de esa ancla, ascenderán como un cohete hasta igualarse a las potencias económicas de Alemania, o los estados escandinavos.


No les han dicho, sin embargo, que en esa utopía platónica tendrían el mismo problema que achaca al resto de España; la sinvergonzonería política. Que el honorabilísimo Pujol saqueó con la mano diestra sus arcas durante décadas, mientras con la siniestra enarbolaba la estelada. No les han dicho, que aunque Junqueras diga que nuestros ADN son diferentes, les hermana a los españoles la insana costumbre de amigarse del dinero ajeno.



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2 comentarios:

  1. Muchos de ellos no saben por qué piden, incluso desean, la independencia.

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  2. ""Pero todo movimiento necesita un héroe, y si no existe, tienen que fabricarlo. No tienen razón lógica para querer la independencia, salvo el ya mencionado etéreo sentimiento. Pero, ¿en qué consiste, en realidad, ese sentimiento? Está impregnado en el más puro chovinismo. En la idea de que Cataluña (la raza catalana, que diría Junqueras) tiene un potencial superior, lastrado por una España sentida como un ancla de retraso cultural. Y les han hecho creer que desprendiéndose de esa ancla, ascenderán como un cohete hasta igualarse a las potencias económicas de Alemania, o los estados escandinavos.""

    MAGISTRAL

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