miércoles, 9 de septiembre de 2015

Los tres pasos; nacimiento, corrupción y unión








Ya he dicho en muchas ocasiones que la historia del socialismo y el feminismo son análogas (no es de extrañar, por tanto, la relación actual de clientelismo político que se da entre ambos movimientos). ¿Cuáles son sus parecidos? ¿En qué influyen esas semejanzas?




1. Ambos movimientos surgieron de la injusticia, y fueron positivos en sus comienzos.





Socialismo


Los movimientos obreros (tal y como lo conocemos) nació durante la era industrial. Es cierto que hay antecedentes de organizaciones obreras incluso en la Edad Media (los llamados Gremios) y las Cofradías o Hermandades de épocas posteriores, pero no alcanzan el grado de organización y un peso social especialmente relevante hasta el siglo XIX. Aquellos movimientos nacieron para combatir las duras condiciones laborales de la época (jornadas interminables, inseguridad laboral, salarios indecentes, negación de apoyo económico a accidentados, etc.).


Muchos de estos sindicatos fueron declarados ilegales por las élites económicas que no querían ceder sus privilegios, pero las clases populares siguieron operando en la clandestinidad. El activismo de estos movimientos consistía en manifestaciones, destrucción de maquinaria de grandes empresas, recolección de firmas (cartismo), y huelgas (la mayoría de las veces reprimidas duramente por las élites económicas de turno). A estos movimientos les debemos los derechos de que gozamos actualmente (jornadas limitadas, derecho a baja laboral, salario mínimo, etc.)


Es en este contexto, y en aquellos movimientos obreros, cuando nacen multitud de ideologías y doctrinas políticas y socio-económicas como el socialismo (Marx y Engels), caldo de cultivo para los primeros partidos políticos de clases (Kautsky en Alemania en 1890 y Lenin en Rusia en 1900).




Feminismo


Al igual que los movimientos obreros, existen antecedentes de feminismo en tiempos tempranos, pero es en el siglo XIX cuando nace el feminismo moderno. La Convención de Seneca Falls (1848) es considerada una de las primeras victorias en la lucha por los derechos de la mujer, pues reunió a trescientas activistas que hicieron legítimas reivindicaciones, tales como el sufragio femenino o poder ocupar cargos públicos, derechos que se les negaba en la mayoría de países.
A medida que iban conquistando los derechos que reivindicaban (principalmente el sufragio femenino, el derecho a ocupar cargos públicos y el acceso a la educación superior) el feminismo pierde su razón de ser y el activismo feminista es prácticamente inexistente en las siguientes décadas. Es a principios de la década de los 60 cuando renace bajo el nombre de Movimiento de la Liberación de la Mujer o, simplemente, Segunda Ola.





2. Corrupción de los movimientos

Karl Marx


Socialismo

Como hemos dicho, los movimientos obreros fueron decisivos en la consecución de importante derechos laborales, pero también fue el germen de una ideología históricamente dañina; el socialismo. Sus ideólogos  fueron Marx y Engels. ¿Quiénes fueron estos defensores del proletariado? Carlos Marx fue un prusiano de familia relativamente próspera y propietaria de viñedos (vean la “casita” en la que Marx dio sus primeros pasos) y Engels era hijo de ricos industriales textiles de Renania. Kautsky y Lenin, impulsores del aspecto político del socialismo, eran de clase media-alta y alta, respectivamente. Así pues, se puede decir que el socialismo fue creado por gentes de la élite, no sólo intelectual, sino económica de la época. Gentes que vieron en el descontento generalizado de las clases populares una oportunidad de oro.


¿A alguien le suena esto? Es exactamente lo que ha sucedido en España con el fenómeno Podemos. Ante el descontento generalizado de la gente, provocada por la corrupción política y las terribles estadísticas de paro, surgieron estupendos movimientos populares como el 15-M (tracemos una analogía con los movimientos obreros) que, sin embargo, devinieron en el partido político de Pablo Iglesias y su camarilla (que al igual que Marx y los demás, no vienen de las clases humildes, precisamente, y utilizaron ese descontento como catapulta a la escena política). ¿Alguien, de verdad, cree que si Podemos hubiese aparecido en otro momento (por ejemplo, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria) hubiesen tenido el apoyo que tienen ahora?




Simone Beavoir



Feminismo

Como hemos dicho, el feminismo nació de la necesidad de justicia de un sector de la población (mujeres) que carecían de derechos básicos en democracia. Casi desaparecido durante años (después de haber conquistado las metas que se había propuesto) resurgió con fuerza en la década de los 60, aunque ya era muy diferente. Nace con la publicación de un libro titulado El segundo sexo, que fue escrito por Simone de Beauvoir. ¿Quién era esta mujer? Nada más y nada menos que una pedófila confesa que abogaba por la despenalización del sexo con menores.


El radicalismo del pensamiento feminista de la época ya era más que evidente. En esos años, Valerie Solanas (una esquizofrénica que atentó contra la vida de tres personas, entre las que estaba Andy Warhol) escribió El manifiesto SCUM, en el que proponía estrategias para la exterminación del género masculino. Ahora nos puede parecer un acto terrible e irracional causado por una mujer profundamente desequilibrada, pero en su día no se percibió así. La presidenta de NOW (Organización Nacional de Mujeres) declaró que Solanas sería “recordada por ser una campeona en la lucha de los derechos de la mujer” y la prestigiosa abogada Florynce Kennedy afirmó que la homicida era “una de las mejores portavoces del feminismo”. Por su parte, El manifiesto SCUM comenzó a circular, ya en ediciones piratas, ya publicadas por círculos feministas, traduciéndose a innumerables idiomas.


Para entonces, la élite del intelectualismo feminista había caído en manos de mujeres que no ocultaban su misandría. Líderes feministas de la época como Andrea Dworkin y Jilly Cooper, quienes alardeaban su profundo desprecio por el hombre, y no disimulaban su violencia hacia el género masculino. El feminismo justo murió en la Primera Ola y resucitó como un zombi antropófago (o, más bien, andropófago) con la Segunda Ola.




3. Relación clientelar entre izquierda y feminismo



Ya hemos visto como se corrompieron ambos movimientos; ahora veremos cómo se fundieron en uno sólo. Porque no, no siempre estuvieron unidos. Aunque ahora nos pueda parecer impensable (dada la unión casi simbiótica entre ambas ideologías), hubo una época en la que izquierda y feminismo andaban por senderos distintos.


Ya comenté en otra ocasión, que la votación de 1932 a la enmienda que aprobaría el sufragio femenino en España, el feminismo (liderado por Clara Campoamor) obtuvo una gran oposición, tanto de la derecha como de la izquierda. Hilario Ayuso, del Partido Republicano Federal (que posteriormente formaría parte del PSOE) propuso que el hombre pudiera votar a partir de los 23 años, y la mujer desde los 45. El partido anticlerical Partido Republicano Radical votó en contra de cualquier enmienda que permitiera el voto femenino. Roberto Novoa pensaba que la mujer no podía votar porque era histérica por naturaleza, y Margarita Nelken y Victoria Kent también mostraron su disconformidad con la enmienda y votaron en su contra (paradójicamente, en la actualidad existen asociaciones feministas llamadas Victoria Kent, en un profundo alarde de ignorancia histórica).




Margarita Nelken



Como veis, el feminismo tuvo en su origen una fuerte oposición también de la izquierda. Fue en épocas posteriores, y recogiendo el descontento entre las mujeres por su desfavorecida situación, que la izquierda vio el potencial de convertirse en el vehículo político de la naciente fuerza de presión en que se estaba convirtiendo el feminismo. Desde entonces, los partidos políticos de izquierda se convirtieron en la voz política del feminismo, a cambio, por supuesto, del electorado que el feminismo podía procurarles. Eso explica por qué la izquierda está por encima de los intereses de la mujer para el feminismo, el por qué no se elevó la más mínima protesta por el caso Aguilar, el por qué gritaron ¡Somos Alfon! y se solidarizaron con un muchacho condenado por agresiones sexuales a chicas, y el por qué no se condenó la agresión a la política de derechas Inma Sequí.


Desde luego, un tema tan complejo y lleno de matices daría para un libro bastante extenso, pero ese sería el resumen de la situación actual de la izquierda y el feminismo. Si alguien desea bibliografía sobre algún aspecto del artículo sólo tienen que contactarme. Quien defiende la verdad no tiene reparos en demostrarla.       





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