domingo, 18 de octubre de 2015

Hablamos con... Joaquín Campos







Hablamos sobre feminismo y la poco “publicitada” situación de indefensión del hombre que da el sí, quiero -en China y en España- con Joaquín Campos, escritor y cocinero malagueño, trotamundos –ha recorrido, en especial, Asia-, radicado actualmente en Camboya.

En una entrevista para El Mundo, no prodigó en afectos hacia la cultura China, a la que –muy a su pesar- llegó a conocer muy bien. Con tres libros publicados (contó con la presencia de Sánchez Dragó en la presentación de una de sus obras), Joaquín se desempeña con notable destreza entre fogones y teclas.


Agradezco a Joaquín la entrevista para El Tivípata:  



Hola, Joaquín. Se habla mucho de lo patriarcal, tradicional y machista que es la sociedad china, pero en una entrevista para el periódico El Mundo dices textualmente que casarse en China es “Tener que preñarla al instante, pagar la boda, comprar una vivienda a sus padres o permitirles la convivencia bajo tu mismo techo, mantener a la familia, hacer vida de paria visitando a diario joyerías y centros comerciales […] y en resumidas cuentas: arruinarte, disminuirte, despreciarte.” ¿La sociedad china es tan machista en la vida conyugal como nosotros percibimos? 

La sociedad china, proporcionalmente a su desidia cultural y falta de respeto en general, no es tan machista. La mujer, salvo en los cargos oficiales del Partido Comunista chino, donde prácticamente no ostenta cargo alguno, forma parte de una sociedad realmente equilibrada. Pero por donde se desangra es por esa herencia denigrante de Mao y sus secuaces, donde por tener una hija te arruinabas de por vida –de ahí que aún hoy día se maten a niñas recién nacidas o se vendan a occidentales cuando no abortan directamente sobre un terraplén–, lo contrario de cuando dabas a luz a un hijo. De ahí la sabiduría envenenada de cientos de millones de chinas que saben que casarse es un negocio para ellas y, muy especialmente, para sus familias. En China, para el que no lo sepa, hay que pagar por casarse con una dama: o una cantidad a la familia o comprarles una vivienda o ambos asuntos. Aún espero que la vendida corporación de corresponsales patrios en China se decida a realizar un reportaje sobre los miles de casos de muchacha china que estafa a extranjero, lo deja sin dinero, sin casa, sin visado, y además, sin opciones de ver a ese hijo o hija único que crecerá entre unas tradiciones cuanto menos poco saludables, a la par de su contaminación extrema. 



¿Está el hombre chino en una situación de vulnerabilidad cuando se casa con una mujer china? ¿Y un español? 

La vulnerabilidad es general, pero el español siempre lo pasará peor, por una sencillísima razón: la justicia china es racista y en caso de conato de problema entre matrimonio formado por nativo y extranjero SIEMPRE saldrá ganando el nativo. 






Criticas la situación de muchos españoles casados en China. ¿A qué se enfrentan cuando dan el sí, quiero

Ese “sí, quiero”, en realidad, para sus adentros, es en realidad un “sí, follo”; porque nadie es capaz de reconocer que la mayoría de los extranjeros que se casan en China, o en el sudeste asiático o en África o en Sudamérica, lo hacen por falta de polvos, de te quieros y de cualquier asunto que tenga que ver con el afecto ajeno, los noviazgos y el hartarte de practicar el acto sexual. Mi teoría es clara: si el sexo fuera como el comer, que cada ciudadano lo hiciera cada día, repetidas veces y con personas distintas, las bodas no existirían. De hecho imagino que los que defendieran en esa situación las bodas serían encarcelados como herejes del placer, como organizadores de sectas peligrosísimas. 



También te quejas que los “sumisos reporteros” de programas de viaje no hablan de lo que tu llamas timos matrimoniales, ¿a qué crees que se debe esa ausencia de información?

Probablemente porque ellos también aceptarían casarse con la primera que les dijera “te quiero”.



¿Cómo valoras el tratamiento de los medios aquí en España (en especial, televisión) sobre la violencia doméstica? ¿Recibe el hombre un trato justo de los medios?

Cada hombre que agrede a una mujer –y ya no digamos nada cuando la mata– debería ser encerrado en una celda de por vida. Pero claro, ¿acaso genera menos pecado el agredir a tu compañero de trabajo? ¿O a tu primo? Yo creo que el delito no es sexista, por lo que me río de los avances de la justicia española, que de la mano de los medios de comunicación, no mete el dedo en un asunto evidente: ¿alguien tiene a mano el dato de las denuncias falsas presentadas por mujeres contra sus parejas para quedarse con la custodia de los hijos, acaparar todos los bienes inmuebles y lo que te rondaré morena que desembocaron, en algunos casos, en el suicidio del falso culpable o al menos en su ruina hasta el día de su muerte natural? 



Teniendo en cuenta que el protagonista de tu novela Faltan moscas para tanta mierda es un “putero” y tiene una relación “complicada” con las mujeres, ¿has percibido alguna reacción o crítica adversa desde el feminismo?

Sí, pero me la suda. Yo nunca me fiaría de una asociación. O mejor dicho, yo nunca me fiaría de cualquier asociación, ya sea de feministas recalcitrantes como de cocineros vascos que se encierran en un txoco a contarse sus falsos éxitos vitales. Porque en ambos casos, y ahí está el quid de la cuestión, cuentan sus polvos y sus amores con los dedos de una mano. Y un ser humano que no quiere ni folla puede llegar a ser más peligroso que el jefe de Al Qaeda drogado hasta las cejas. 



Criticas que el Instituto de la Mujer ha tenido once directoras y ningún director, y acusas a la fundación de sectarismo. ¿Qué opinión te merece el feminismo actual en España?

Lo acabo de comentar: no me fío de ninguna asociación, que si las auditaran, podríamos llegar a asociarlas más a sectas que a agrupaciones con sentido humanitario, o al menos común. Una feminista, como dije hace poco, es lo más parecido a un Ultra Sur.










En la biografía de tu perfil de Twitter cuentas que tienes tres libros publicados, un árbol plantado y cero hijos. ¿Es una decisión consciente o, simplemente, no se ha dado el caso?

Yo casi todo lo hago inconscientemente, como esta entrevista, pero eso no quiere decir que a cada año que cumplo menos ganas tenga de ser padre, lo que en el fondo, y aquí necesitaríamos un debate abierto en un aula magna, con árbitros y televisiones, no es más que un atraso del ser humano, que aún siendo persona, sigue trayendo gente a un mundo que se encharca, se pudre, se abarrota, se envilece, o a fin de cuentas, se acaba. 



¿Crees que aquí en España el hombre está en una situación de indefensión o vulnerabilidad cuando se casa y tiene hijos?

No, está en una situación de indefensión y vulnerabilidad cuando decide separarse, que muchas veces ni siquiera es asunto suyo, sino de ella. 



Algún comentario que quieras hacernos sobre algún aspecto del feminismo o las mal llamadas “políticas de igualdad”.

Que todo el mundo tiene los mismos derechos pero que desde que nacemos cada uno de nosotros –hombres, mujeres, travestis, lo que marque el futuro– elegimos un camino diferente; y que tomar decisiones en base al sexo –me niego a decir género a no ser que hablemos de productos pedidos para un supermercado o restaurante– me parece una imbecilidad, como si matar a catorce personas que esperan a su autobús bajo su marquesina fuera un asunto de sexos. Y eso sí, paguemos por el mismo trabajo a un hombre y a una mujer, pero no convirtamos el medio laboral en un prostíbulo más, que en Camboya la jefa de UNICEF hasta hace poco era yemení y señora, asunto que me llamó tanto la atención que al pedir explicaciones recibí las siguientes: “Es por lo de las cuotas”. Las cuotas, para el que no lo sepa, obliga a que cargos de la ONU y de UNICEF, entre otras bromas pagadas con dinero público, se vean obligados a contratar a señoras de países donde la mujer no pinta una mierda, como es el caso de Yemen. Y entonces te encuentras con responsables de asuntos supuestamente vitales, o al menos muy importantes, que no están ahí por sus méritos sino por su sexo y su procedencia. Algo así como si en Occidente a un adolescente eritreo manco y sin estudios le dieran el Nobel de Literatura. 













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