martes, 27 de octubre de 2015

La historia de Laura II






Laura ha entendido que ser feminista es mucho más que pertenecer a un movimiento; es un estilo de vida. Marta le explica que debe cuestionar todo los aspectos de su vida, producto de una educación patriarcal, y verlos bajo la visión liberadora de las gafas violetas. Laura nunca ha sido, precisamente, una cristiana devota –no pisa una iglesia desde que hizo la Primera Comunión- pero es ahora cuando se plantea el efecto nefasto de la religión en las mujeres. La religión es el opio del pueblo, le dice Marta, citando a Marx.

Pero Laura no tiene la capacidad crítica para observar que no ha hecho más que sustituir una religión por otra. El feminismo es una nueva religión, reconvertida en secta tributaria de otra aún mayor, el socialismo. Sus líderes políticos no son admirados como estadistas, sino adorados como dioses. Una suerte de credo donde figuras cuasi divinas recibe el pábulo de fervorosas muchedumbres. Marx, Engels o Lenin –incluso Stalin- no pueden ser cuestionados, profetas de una verdad absoluta y, sobretodo, única.

Laura conoce a Miriam, su cuñada, y de primeras no le cae bien. Eso le hace sentirse culpable, porque sabe que una de las estrategias del patriarcado es hacer que las mujeres se vean como enemigas; odia a las ex de tu pareja, odia a tu suegra, odia a cualquier mujer por cualquier motivo. Sergio, su hermano, nunca ha destacado por tener mucho carácter. Mira a su chica como profesándole culto, riendo como un idiota cada estupidez que dice. Miriam, por su parte, desprende una fuerza que desmiente su pequeña estatura y su nerviosa delgadez. Laura reconoce que su hermano es un pelele en manos de esa pequeña y autoritaria institutriz.

Meses después, Miriam revela una serie de tóxicas actitudes que parecer agriar perpetuamente el carácter de Sergio. Es egoísta, caprichosa y celosa, imaginando continuas afrentas a su orgullo. Más que la chica de su hermano parece su directora de orquesta. Esto desconcierta a Laura, porque siempre le han dicho que el sentido de posesión es intrínsecamente machista. ¿Puede una mujer creer que su pareja le pertenece?

Después de un año y medio de tortuosa relación, Sergio decide dejar a Miriam. Dos semanas después, una pareja de guardias civiles se presentan en la casa donde Laura y Sergio viven junto a sus padres, y éste es conducido a dependencias policiales. Laura está desconcertada. Cuarenta y ocho horas después, Sergio es puesto en libertad. Habrá un juicio por violencia de género.

En cualquier otra circunstancia, Laura se habría puesto del lado de la víctima –asumiendo, de manera inconsciente, que la denunciante ya es víctima por el mero hecho de denunciar- pero no puede evitar concederle el beneficio de la duda a su hermano. Sólo el 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas pero, ¿y si le ha venido a tocar, precisamente, a Sergio, como una lotería que nadie quiere ganar?

No hace falta investigar mucho para sacar a luz la verdad. Lee los mensajes amenazantes, como un demencial descenso a una mente grotesca y oscura, y no comprende cómo, a pesar de las evidencias, su hermano ha pasado cuarenta y ocho horas en un calabozo, y cómo la denuncia de una mente desquiciada y obsesiva ha podido ser escuchada por las instituciones.

En las siguientes reuniones con Marta y sus amigos, todos ellos feministas, no puede evitar discrepar en algunos de los debates –si se pueden llamar debate a un foro donde nadie se muestra en desacuerdo- y eso hace levantar más de un ceja suspicaz. Saben que su hermano ha sido denunciado por violencia de género, y ellos ya han sentenciado, por supuesto. Laura no entiende que en esas reuniones haya hombres que, de buena gana, han renunciado a su derecho a la presunción de inocencia. No entiende que un movimiento que defiende la libertad sea tan hostil con el pensamiento disidente o, simplemente, discrepante.

Laura empieza a ser tratada como un feminista de segunda. Cuestionan su compromiso. Dudan de su imparcialidad al posicionarse del lado de un maltratador, aunque sea su hermano y, sobretodo, no haya sido condenado por ningún delito. Empiezan con acusaciones veladas; mujeres como tú dividen el feminismo, mujeres como tú nos hace débiles, y le adjudican un adjetivo que nunca había oído, neomachista.

¿Cuántas Lauras hemos conocido a través de redes sociales? Hombres y mujeres que nunca habían cuestionado las bondades del feminismo hasta que se tropezaron con una de esas mujeres inescrupulosas y crueles que abundan con la misma prodigalidad que los hombres, hasta que sufrieron la humillación de ser encarcelados por una acusación, separados de un hijo o nieto, desahuciados y despojados de las más elemental dignidad. A todas esas Lauras y Sergios recibimos, y les decimos que no están solos.





Heil Macarena. Lo que silencian los medios AQUÍ





La historia de Laura: Primera parte AQUÍ





7 comentarios:

  1. Duele mucho pensar que me encuentro en una situación familiar. Solo hay que cambiar ciertos roles en quien se vio afectado de mi entorno.

    Por suerte yo desde un principio no tuve el adoctrinamiento de Laura, lo agradezco. Pero me da mucha pena el hecho de que haya mujeres que se vean silenciadas y repudiadas solo porque han visto la realidad de un movimiento tan totalitario como opresivo.

    Me duele verme en Laura, y sobretodo me duele que me sigan diciendo neomachista.

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    1. He llegado a oír feministas criticar a Doris Lessing simplemente porque su discurso se alejaba del canon. El feminismo es una religión en toda regla, y sus fieles, auténticos integristas. ¡Saludos!

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  2. Parece que la historia de Laura tendrá final feliz. O casi.

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    1. No sería el primer caso de feminista a la que el karma le estalla en las narices. ¡Saludos!

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    2. final feliz? pero tu te has leido el mismo articulo?
      espero que tarde o temprano seas un sergio, una cabeza de turco, un hombre deshechable y sin importancia cuyo unico objetivo reconocido por la sociedad es sacrificarse para que una mujer "aprenda una leccion".
      Cada dia estoy mas convencido de que el feminismo es una respuesta a nuestra llamada, con tantos hombres acomplejados y faltos de amor propio parece que sean perros buscando amos para que su vida obtenga algun sentido.

      PATETICO

      PD. interesantes ambas entradas de Laura, un saludo tivi

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  3. Al final hasta las feministas son victimas inocentes y engañadas.
    Estoy esperando la próxima entrega en la que nos expliques que Miriam, la mujer que denuncia en falso, también es una víctima inocente.

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    1. En ningún momento disculpo o minimizo la responsabilidad de Laura. Que una persona sea susceptible de ser engañada no implica necesariamente que sea una víctima (se podría aplicar a muchos delatores o cómplices del régimen Nazi).

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