jueves, 31 de diciembre de 2015

El Madrid de Carmena






De regreso de una corta estancia en Madrid –viaje de placer, por lo que he estado desconectado de blogs y redes- me he dedicado a ordenar una serie de pequeñas observaciones. No os aburriré con el anecdotario de un viajero recién llegado a su Ítaca, sino que haré unas reflexiones sobre el Madrid de Carmena, y sobre los efectos secundarios de la irrupción de Podemos en el panorama político en plena resaca de la “fiesta de la democracia”

Encontré Madrid algo distinta de la última vez que la visité, antes del desmoronamiento del ladrillo, cuando me tropezaba con una obra cada diez pasos. Que me perdonen los obreros de la construcción, pero encontré reconfortante no oír aquella cacofonía de martillos neumáticos y excavadoras, y no tener que dar rodeos o cambiar de acera por aquellas molestas barreras amarillas. Madrid no estaba en obras, pero encontré las calles salpicadas de algo más sutil que la contundencia de una taladradora; en cada calle había grafitis feministas, consignas del manual del revolucionario iletrado, dogmas de la religión leninista. 

No regales joyas, regala feminismo. STOP cánones de belleza. La revolución será feminista, o no será. En cada calle una pequeña arcada de ignorancia, una flatulencia de analfabetismo. Del Ministerio de Sanidad e Igualdad colgaban enormes pendones con el lema “Hay salida”. Me hubiese gustado preguntarle a la alcaldesa si para un hombre denunciado falsa y sistemáticamente por su agresora, que ha sufrido la indignidad de ser sacado de su casa con esposas en sus muñecas y pasar tres días en un calabozo sólo por ser señalado con un dedo, también hay salida. Si se puede salir de una orden de alejamiento tras otra, de ser obligado a comparecer en esos juzgados especiales que no existen en ningún otro país del mundo, y que no le garantizan los más básico derechos procesales. Le preguntaría, ¿cómo se sale de tener que demostrar tu inocencia en cada una de las innumerables denuncias que tu maltratadora te pone? Los carteles que cuelgan de ese ministerio orwelliano no se aplican a esos hombres porque un hombre no puede ser maltratado, y el caso que sí lo es (el 0,01% según la Fiscalía, aunque ese porcentaje parece ser más alto entre los políticos), tiene las leyes ordinarias. Muy efectivas, por supuesto. 

La realidad es que sólo hay salida si eres mujer. Para hombres, niños y ancianos, al otro lado de la puerta bajo el cartel Exit hay un muro de ladrillos de corrección política y electoralismos, y a prueba de sentido común y empatía. 

Con la irrupción de Podemos hemos sido testigos, en menos de un año, de una agresión verbal contra Cristina Cifuentes, agresiones físicas a una político de Vox en Cuenca, un atentado contra la sede del PP en Génova y un puñetazo a Mariano Rajoy en Pontevedra. El lenguaje “no inclusivo” y los cánones de belleza son responsables de las “muertes machistas”, pero sus encendidos discursos de odio ideológico, “el miedo cambiará de bando”, “iremos a Segovia de cacería para aplicar la justicia proletaria” y demás no influyen en esas agresiones ideológicas, por supuesto. 

Pero, ¿cómo pueden hablar de justicia proletaria gente como Pablo Iglesias o Iñigo Errejón? Gente que dicen luchar por la abolición de las clases sociales al tiempo que emplean despectivamente la expresión “lumpen” para designar a “las clases inferiores”. Con la irrupción de Podemos, muchas criaturas cavernarias salieron de las grietas donde parecían estar hibernando y ahora se alojan en ayuntamientos y ministerios, y dirigen nuestras vidas, para aplicar la justicia proletaria.


Feliz año.







2 comentarios:

  1. en éste país no se puede vivir entre feministalinistas, lesboterroristas, feminazis y toda ralea del género tonto dominante

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