miércoles, 13 de enero de 2016

Cuestionar su palabra



Cuadro El Juicio de Salomon. Nicolas Poussin



Cuestionar la palabra de una mujer que se declara maltratada se ha convertido en algo prohibitivo, censurable, en un pecado religioso, en un tabú. ¿Cómo se puede ser tan desalmado para poner en entre dicho la acusación de una mujer que dice haber sido agredida, vejada y dominada durante años? ¿Qué clase de ser humano puede cuestionar su palabra cuando está denunciando un hecho tan grave? La mermada progresía que rige con inflexible puño de hierro la heterodoxia de lo políticamente correcto reprueba a cualquiera que cuestione a una mujer. Es entonces cuando me pregunto, ¿no es esa, justamente, la razón por la que se celebra un juicio? ¿No es, precisamente, porque se pone en cuestión la legitimidad de la acusación? 

El juicio -del latín judicare- se define como una discusión entre partes –en este caso entre una mujer que alega sufrir maltrato y un hombre que lo niega- y sometido a un tribunal […] Esto presupone la existencia de una controversia –es decir, de un conflicto-. Por otra parte, el tribunal –juzgado o corte- se define como un órgano público cuya finalidad es resolver el litigio –esto es, llegar a la verdad-. Por tanto, la mera existencia de un juicio ya supone cuestionar a la mujer que denuncia, lo que –populismos aparte- no significa decir que la mujer mienta. Cuestionar significa poner en duda –no negar ni afirmar- y supone el principio más básico en un sistema judicial que aspira a ser ecuánime, imparcial y que garantiza los derechos de los ciudadanos en cualquier Estado de Derecho. 

Si llevamos a la práctica esa “pragmática” prohibición –por parte de la merma, el “órgano” encargado de administrar lo políticamente correcto-, ¿para qué celebrar un juicio? Si no se puede ni se debe cuestionar la palabra de una mujer que denuncia ser maltratada, podríamos ahorrarnos abrir costosas diligencias. Reduciríamos gastos públicos con lo que nos ahorraríamos en jueces, fiscales, abogados de oficio, procuradores… La mera denuncia llevaría a la condena –en muchos casos, ya sucede-. Visto así, ¿alguien sigue pensando que cuestionar es malo? 

Las políticas de igualdad y, en especial, aquella dirigida hacia la violencia hacia la mujer, que tanta alarma y repulsa social provoca, se concibe con la clara intención de apelar a las emociones, que es, justamente, lo contrario de la razón. Así tenemos a una población en general –y a unos hooligan de la merma en particular- pensando con las tripas y dejando inédito el cerebro. Así que no, cuestionar la denuncia de un hecho delictivo –sea cual sea la gravedad de esos hechos- no sólo no es malo sino que es el principio básico de una justicia justa.






2 comentarios:

  1. Si eliminas la ironía y las menciones a la "progresía" podría pasar perfectamente por un mitin de UP.
    Ya en su último programa pedían penas de prisión solo con la denuncia e inversión de la carga de la prueba por ley. Así que esto que comentas por aquí a modo de crítica y con cierta sorna es actualmente la idea de un fuerte sector feminista.

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    1. Sí, para muchos (empezando por el PSOE, uno de los grandes partidos) eso de vulnerar la presunción de inocencia es un "mal menor".

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