lunes, 7 de marzo de 2016

El mayor acto de rebeldía



Secuencia de la película De aquí a la eternidad (1953)


El feminismo de Estado o neofeminismo –que nada tiene que ver con ese otro movimiento, el sufragista, de principios de siglo XX- es un movimiento eugenésico, subproducto de una ideología –el socialismo- que busca moldear al ser humano, despojarle de la familia, su pasado y tradiciones, para tener una página en blanco sobre la que escribir a su antojo. 

El neofeminismo ha sido un alumno aventajado en este sentido. Ha entendido que la familia es el primer grupo de pertenencia que conocemos -el único hasta que somos escolarizados- y es, seguramente, el principal vehículo transmisor de valores –ya que el proceso mediante el cual adquirimos nuestros valores éticos y morales comienza ya en la primera infancia-. Para introducir los valores que los poderes que nos gobiernan requieren para sus intereses es conveniente, de un lado, adelantar la edad a la que los niños son despojados de sus familias para ser adoctrinados en los centros de educación –en la actualidad, con sólo tres años inician su formación- y, de otro lado, destruir la familia como institución natural, universal y fundamental –en palabras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos-, atacándola, infamándola, adjudicándole estereotipos negativos. 

Para el neofeminismo, la familia es una institución patriarcal, profundamente machista, y donde hay un desigual equilibrio de poderes. Ser madre es poco menos que traicionar la causa feminista, es claudicar ante el sistema patriarcal. Han de enfrentar, por tanto, a hombres con mujeres. Han de separar también a hijos de sus padres, a través de la “educación”, secuestrándolos desde la más tierna infancia y sobrecargándoles de responsabilidades, para que la brecha sea cada vez mayor y lleguen a un punto en que los hijos son –prácticamente- desconocidos para sus padres. Nunca la brecha generacional ha sido tan abismal como lo es ahora. 

Esa es una de las razones por las que la Fundación Rockefeller financió el neofeminismo. Esa es la razón por la que una sociedad supuestamente patriarcal subvenciona un movimiento como el feminista, que dice combatir el patriarcado. ¿Tendría sentido que el régimen nazi hubiese subvencionado movimientos judíos? ¿Por qué el Estado habría de subvencionar al “enemigo”? La respuesta es simple; Estado y neofeminismo no son enemigos sino aliados.

Hombres y mujeres convertidos en enemigos. Nos matan (ellos). No son compañeros sino opresores. Si no matan o violan son potenciales asesinos o violadores. Contra esta implacable batería de odio hacia el varón, fomentado desde el neofeminismo –que no deja de ser un tentáculo del socialismo-, muchos han tomado el camino –en mi opinión- erróneo; ser masculinistas o MGTOW. Que es lo mismo que seguirles el juego, que declararles vencedores. La mejor forma de luchar contra el neofeminismo es, precisamente, demostrarles que por mucho veneno que viertan, datos sesgados, estadísticas manipuladas, propaganda sexista, las mujeres siguen queriendo a los hombres de su vida, y los hombres siguen queriendo a las mujeres de su vida. Al final, el mayor y más efectivo acto de rebeldía contra el neofeminismo es amar al sexo contrario.







La visión del feminismo de Pablo Iglesias; AQUÍ



5 comentarios:

  1. Hombre Tivi; vale que el MGTOW puede ser un poquito derrotista, pero los que se hacen llamar masculinistas son gente que reivindica la problemática masculina pero que no tienen por qué haber renunciado a conocer mujer ni a formar familia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo comparto muchas de las vindicaciones del movimiento masculinista. Pero este tipo de movimientos suelen prestarse rápido al deterioro (véase el caso del propio feminismo).

      Eliminar
  2. Correcto, te invito a que te cases, te hipoteques y tengas un niño con una española (o no) en España.

    Ya voy sacando yo las palomitas si eso...

    Conste que no te deseo lo peor, pero la gente hace lo que hace por muy buenas razones.

    Sé que faltan remeros en las galeras, recolectores de algodón en la plantación, pero conmigo que no cuenten.

    Se va a casar SU PUTA MADRE

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La separación en guetos sexuales a quien termina favoreciendo es al neofeminismo (o, más exactamente, a los poderes que están detrás de él). Contra la separación, unión. Lo que no quiere decir que tengamos que permitir que casarse o ser padre siga siendo (como es en la actualidad) un "deporte" de altísimo riesgo para el hombre.

      Eliminar
  3. Pues nada, todos al abismo como Lemmings, eso si, recuerda que en el famoso documental había unos tipos tras las cámaras empujando a los bichejos

    Uno ha encontrado una forma de escabullirse y la va a usar.
    ;)

    ResponderEliminar