jueves, 28 de abril de 2016

Las mujeres y la violencia II


Pauline Nyiramasuhuko, líder de los milicianos hiterahamwe


Continuación del artículo Las mujeres y la violencia, donde debemos evaluar el papel de la mujer en la violencia en cualquiera de sus formas –delincuencia, violencia doméstica o guerra- y refutar el falso y tendencioso mito de que la violencia es feudo exclusivo o casi exclusivo de los hombres, encubriendo el indudable papel de la mujer. Ya expuse en el mencionado artículo razones poderosas que explican que la diferencia entre las poblaciones carcelarias masculina y femenina no refleja la realidad entre la práctica de la violencia por parte del hombre y la mujer. 

A continuación veremos el papel de la mujer como instigadora de la violencia, eludiendo perpetrarla ella misma. Vuelvo a expresar –como ya hice en el anterior artículo- que esta serie de entradas no tienen el objeto de trasladar la responsabilidad de toda la violencia a la mujer, ni mucho menos eludir la responsabilidad del hombre en las acciones violentas que llevan a cabo, sino desmentir la maliciosa y discriminatoria creencia de que la mujer es siempre un sujeto pasivo y receptor de la violencia. 

Lo cierto es que la mujer, históricamente, ha participado activamente en todos los conflictos humanos, sea cual sea el escenario del mismo. Quizás su participación no ha sido tan notoria como la del hombre, que era el que tomaba parte en los combates, pero la razón de ello es la misma que explica por qué la mayoría de personajes históricos han sido varones; la mujer ha permanecido en la esfera privada y los hombres en la esfera pública. Por ello, la mayoría de líderes políticos y religiosos, inventores o exploradores han sido hombres, pero también tiranos, genocidas y criminales de guerra. En el marco de la violencia y la guerra, la invisibilización femenina –a diferencia de en otros marcos- les ha resultado beneficiosa, puesto que les ha ayudado a dirimir su más que obvia responsabilidad. 

En el libro War and gender del profesor Goldstein, nos encontramos con los siguientes casos; durante el golpe militar de Chile en 1973, las mujeres lanzaban maíz a los soldados que no “cumplían” con su deber para llamarlos gallinas. En la tribu amerindia apache, las mujeres recibían a los guerreros triunfantes con canciones y agasajos pero, cuando los aguerridos apaches venían con la cabeza gacha tras una derrota, sufrían los insultos y mofas de sus mujeres, que se alejaban de ellos con fingida indiferencia. Al otro lado del océano, las bravas mujeres zulúes, se desnudaban en público para humillar a sus maridos, cuando estos eran derrotados o rehusaban entrar en guerra. Goldstein explica que, durante la Rebelión Mau Mau –en Kenya- las mujeres de aquellos que se negaban a entrar en el conflicto mostraban sus genitales en público, lo que supone un grave insulto en la cultura Kikuyu, diciéndoles “tomen mi vestido y denme sus pantalones”.

Por supuesto, la cultura occidental en general y España en particular, tampoco se libra de estos históricos chantajes. En la siguiente imagen vemos una marcha en la que algunas mujeres portan un amplio cartel que reza “preferimos ser viudas de héroes que esposas de cobardes”, exactamente como hacen las mujeres apaches, o las kikuyu. 






Sin embargo, el papel de incitadora llega mucho más allá en algunas guerras. Durante el brutal conflicto ruandés, los milicianos hutus hiterahamwe, recibieron la orden de violar de forma masiva a cuantas mujeres tutsi cayeran en sus manos. Dicha orden atroz vino de una líder llamada Pauline Nyiramasuhuko, que llegó a proporcionar gasolina a una de estas milicias para que quemaran vivas a un grupo de prisioneras a las que, por supuesto, había ordenado previamente violar. 

El papel de instigadora no se queda en el marco de los conflictos armados. Famoso es el caso de la Matanza de Puerto Hurraco, donde dos hermanos –Emilio y Antonio Izquierdo- mataron a nueve personas e hirieron a otras doce. Otras dos hermanas, Luciana y Ángela Izquierdo, que no participaron de manera directa, fueron condenadas como inductoras de la matanza, aunque dos años después serían exoneradas por enfermad mental. Sobre el papel de la mujer en la delincuencia común y la violencia doméstica quedará para otra ocasión.





No hay comentarios:

Publicar un comentario