lunes, 4 de abril de 2016

Verdades incómodas



Titular del periódico La Vanguardia


Un tweet mío donde exponía un estudio psiquiátrico realizado en el sistema penitenciario y que revelaba que el 42% de los maltratadores tenían antecedentes psiquiátricos generó cierta controversia –básicamente sufrí la airada “contra-argumentación” de unas furibundas neofeministas-. Me acusaban de excusar los asesinatos y agresiones a mujeres. De nada sirvió que yo les explicara, con la infinita paciencia con la que he sido bendecido, que no buscaba excusas sino causas –creo que el matiz es importante-. De hecho, en ningún momento menciono que sean inimputables, irresponsables de sus actos ni que merezcan atenuantes. Simplemente cuestiono que la razón por la que el hombre mata a su mujer sea siempre ese machismo atávico, esa conciencia de género que lleva a convertir al agresor en un soldado de la causa machista internacional. 




Alguna de las "críticas" recibidas



Recurro para ello a un estudio psiquiátrico. Como dije en otras ocasiones, la corrección política se ha ganado la consideración de dictadura cuando una verdad demostrada y contrastable se intenta silenciar porque es políticamente incorrecto. Pero que una verdad sea incómoda, cause turbación o haga replantearnos lo que dábamos por sentado no deja de ser verdad. Quiéranlo o no, el 42% de los agresores tienen antecedentes psiquiátricos que pudieron influir de manera decisiva en sus conductas. Los mismos que me lanzan acusaciones furibundas por dar difusión a este estudio psiquiátrico son los que esperan que aceptemos la idea indemostrada de que todos los agresores de mujeres son movidos por una educación y valores sociales machistas. Máxime cuando la mitad de los asesinos domésticos de este país son extranjeros, aun cuando suponen apenas el 10% de la población del mismo, y no se han educado en ellos. 

De ese 42% señalado, el 67,5% padecen conductas adictivas –está demostrado que el consumo de sustancias psicoactivas puede llevar a alguien a matar a otro alguien-, el 22,8% sufrían ansiedad y depresión y el 9,5% trastornos de personalidad. Mis detractores señalaban que estos trastornos mentales no pueden influir en que se agreda o asesine. Seguramente los mismos que defienden la depresión posparto como causa de los quince a veinticinco parricidios cometidos por madres cada año. Es decir, sólo los trastornos mentales que convienen a mi ideología son los que conducen a crímenes. 

Siempre que un hombre mate a su pareja ha de ser por violencia machista. No cabe otra posibilidad. De hecho, el Instituto de la Mujer en Baleares se reunió con medios de comunicación para presentar un decálogo sobre cómo debe tratarse en los medios informativos los casos de asesinatos en el ámbito doméstico. Así mismo, la Fundación Gadesco elaboró un minucioso informe donde desglosaba 600 noticias sobre violencia hacia la mujer, para asegurarse que cumplían el decálogo. Circunstancias como el consumo de drogas, trastornos psiquiátricos o cualquier cosa que pueda desplazar la motivación machista en la causa del homicidio es directamente censurado en muchos medios. 

Es buen momento para recordar el caso de Javier Fernández, músico de la banda Los Piratas, abatido por la policía después de que su esposa hubiese alertado de su comportamiento agresivo. Fue anunciado en los medios como otro caso de violencia de género, y así habría pasado si la propia mujer del fallecido no hubiese enviado a dichos medios una misiva en la que aseguraba que no era un hombre machista o violento, sino una persona afectada de trastorno bipolar y que se hallaba bajo medicación. De hecho, pocos días antes del desgraciado incidente, el psiquiatra que le trataba suspendió su medicación creyendo –a todas luces equivocado- que no la necesitaba. Lo que parece un claro caso de presunta mala praxis por parte del experto que le atendía, se intentó pasar por un caso de violencia machista. La pregunta que nos hacemos es obvia, ¿cuántos casos similares habrán pasado por violencia machista y, a diferencia de el del músico, no se desveló la verdad?





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