jueves, 12 de mayo de 2016

El feminismo: el nuevo patriarcado



Cristina Pedroche con Frank Blanco en las campanadas de La Sexta


En las campanadas de 2014, la presentadora Cristina Pedroche lució un vestido de transparencias que hizo saltar las alarmas del neofeminismo, que, cuál policía de la moral saudita, censuró inmediatamente. Afirmaban que era una vergüenza que su compañero de pantalla vistiera un atuendo que cubría todo su cuerpo mientras Pedroche se “exhibía” presuntamente –aunque las encolerizadas feministas nunca emplearon la palabra presuntamente- por imposición de los jefes de turno de la cadena. A ninguna de ellas se les pasó, ni por un instante, que quizás era la propia Pedroche quien quería vestir ese sugerente traje. ¿Cómo iba a querer esa chica, joven y atractiva, presumir de beldad? Es imposible que haya sido una decisión suya –clásica infantilización de la mujer-. Seguro que sus machistas caciques la han forzado a enseñar “cacho” para atraer a la audiencia y ella ha tenido que plegarse ante sus demandas –clásica victimización de la mujer-. Cualquier cosa excepto sopesar la posibilidad de que, en realidad, Pedroche estaba encantada con su vestido. 

Prueba de ello es que algunas colegas de profesión la apoyaron ataviándose con el mismo dichoso vestido semitransparente en una velada protesta ante el régimen neofeminista, y la propia Cristina Pedroche, un año más tarde, volvería a cubrir muy parcialmente su piel con otro vestido aún más atrevido que aquel otro. Esta vez, las airadas feministas ya no infantilizaron ni victimizaron a su díscola mujer, como hicieran el año anterior, sino que la atacaron acusándola de insolidaridad con el “colectivo”. ¡Pedroche, estás contribuyendo a la cosificación de la mujer y a su mera utilización como elemento decorativo o sexual! 

Más recientemente, la incómoda –para el neofeminismo- presentadora de televisión volvió a ser objeto de la censura de sus “compañeras”, esta vez, por hacer continuas manifestaciones de amor desmedido a su pareja actual, el conocido chef David Muñoz. La denunciante es otra presentadora –en horas bajas-, Nuria Roca, que cree que dichas declaraciones efusivas de amor “hacen flaco favor a las mujeres”

Suponiendo que así sea, y que, efectivamente, su reincidente exhibición de piel en sucesivas campanadas tuviera un impacto real en la cosificación de la mujer en la sociedad, y que sus continuas manifestaciones de ese denostado amor romántico tuvieran un impacto real en la toxicidad de las relaciones de pareja, se nos plantea un dilema evidente; ¿tiene Cristina Pedroche derecho a vestir las telas que le den la gana, independientemente del grado de translucidez de las mismas, y a manifestar su amor por su pareja con las palabras que ella considere que mejor lo expresan? ¿Debe, en cambio, vestir con el nivel de decoro que le exijan otras y contener o limitar sus expresiones de amor romántico, pensando en el “bien común” de las mujeres, de quien no se ha erigido representante en ningún momento? 

Es un debate antiguo y complejo –no el del vestido de Pedroche, sino el de la libertad individual sobre la “libertad colectiva”-, pero lo cierto es que la verdadera libertad ha de ser siempre individual. La libertad ha sido siempre el mayor anhelo del ser humano. Un concepto abstracto que no pesa ni tiene color pero que ha motivado profusos derramamientos de sangre a los largo de la historia. Sin embargo, era una ilusión. Por ejemplo, el día 2 de mayo de 1808, un levantamiento espontáneo y popular desencadenó una larga guerra entre las fuerzas de ocupación francesas y el pueblo que éstas ocupaban, el nuestro. Se podría decir que luchábamos por la libertad de España y la expulsión de aquella nación extranjera de nuestras instituciones, pero eso sólo es una verdad a medias. No luchábamos por una verdadera libertad, porque al mismo tiempo que tratábamos de expulsar a los invasores gabachos convocábamos el nombre del rey absolutista Fernando VII. 



Los fusilamientos del 3 de Mayo. Goya



Mucho se ha hablado sobre la libertad, desde Diógenes hasta Rousseau, pero justo cuando las ideas liberales proclamaron la libertad del hombre –no la libertad de una nación, sino la de cada individuo- y por primera vez en nuestra larga y azarosa historia estábamos cerca de ser libres, o lo más próximo a ello, nació en muchos un miedo que nunca habíamos tenido la oportunidad de experimentar; el miedo a lo que vendría después de ser libres. Lo que Erich Fromm llamó el miedo a la libertad. De ese miedo –o, tal vez, nutrido de él- surgieron los dos grandes totalitarismos del siglo XX; el socialismo y el fascismo. Se puede decir, por tanto, que ninguno de los dos fueron movimientos verdaderamente revolucionarios –ni siquiera el socialismo, aunque se haya auto-nominado así muchas veces-, sino todo lo contrario. Los que los apoyan son reaccionarios del absolutismo porque les aterra la libertad. Es decir, cuando empezaban a ser libres, muchos escogieron de nuevo vivir en el absolutismo en las formas del socialismo o el fascismo. 

Con la mujer sucede exactamente lo mismo. Hace algún tiempo que son libres. Gracias al feminismo pueden votar y educarse, o tener independencia económica, pero muchas han experimentado ese miedo natural a lo desconocido, en la forma de una libertad recién conquistada. Y de la misma manera que aquellos que, siendo libres, eligieron apoyar movimientos totalitarios –muchos aún lo siguen haciendo- aquellas mujeres optaron por seguir siendo dominadas por un feminismo que ya no era libertador sino absolutista. 

Porque el neofeminismo busca que la mujer piense primero en el “colectivo” de mujeres de la sociedad antes que en ella misma a la hora de tomar una decisión, lo cual choca frontalmente con la libertad de la propia mujer, que debería ser aquella que le permita vestir como le dé la gana y expresar su amor por su pareja en los términos que desee. Así, ninguna mujer será jamás libre sino vence el miedo a la libertad, y dice adiós al feminismo para siempre.





6 comentarios:

  1. Si es que no lo entiendes Tivi; el feminismo lucha por la libertad individual de cada persona y la libre elección de sus vestidos o sus palabras, pero esta libertad no se alcanzará jamás hasta que cada persona piense libremente gracias a la liberación feminista.
    Ellos tienen la Verdad y, por tanto, cualquiera que piense libremente debería pensar como ellos; de no ser así es que están manipulados por el patriarcado.

    PD: jamás me hubiera imaginado a la Pedroche como símbolo de la resistencia antifeminista.

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    1. "Tenemos que olvidarnos del feminismo, es una tontería" creo que es lo único bueno que ha dicho esa mujer.

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    2. Pues con eso ya ha demostrado más valor que cualquier político de nuestro país.

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  2. Como bien define FROMM, a un periodo de relativa libertad, le sigue otro por el que las personas tienden a propiciar un CAUDILLO o GURÚ, que sea infalible y tenga la solución magica. No importa si es una persona, un ente, mas o menos abstracto.... Pasara por encima de todos, con el único fin de perpetuarse. Se autolimentare de todos aquellos de los que dice proteger... Así es el feminismo de nuevo cuño: Un aparatoso ogro que se alimenta de nuestro dinero, nuestras conciencias, nuestras libertades personales, nuestra cultura,...

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  3. "decir adiós al feminismo para siempre"

    ¿ Y que le sigue? ¿ Decir hola al machismo?

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