lunes, 16 de mayo de 2016

El feminista Otegi







Arnaldo Otegi (me ahorro las preceptivas fórmulas de cortesía tales como estimado o admirado, acostumbradas en los textos epistolares, como una declaración de sinceridad por mi parte desde el principio), me parece estupendo que muestres tu solidaridad “anti-machista” ante ciertos comentarios recibidos por Anna Gabriel, diputada de la CUP, ante una idea indecente –dicho sea de paso-, como es la estatización de los menores, al más puro estilo nacionalsocialista –si es que luego se enfadan cuando se les compara-. Pero hay otras violencias que nunca has condenado, y de algunas has sido directamente responsable, lo que hace que cuestione tu legitimidad moral para condenar públicamente según qué tipo de ataques. Condenas que sólo haces, por cierto, cuando quien sufre una determinada ofensa es un camarada de doctrina.

Ninguna de la ochocientas veintinueve personas que recibieron la “justicia proletaria” de ETA son camaradas, claro. Eran el enemigo de acuerdo a vuestra mentalidad totalitarista y liberticida. Decías con la boca pequeña y un afectado tono dulzón, en una reciente entrevista que más parecía un blanqueo de terrorista, que lamentabas mucho el dolor derramado durante décadas, pero no te creí. Y no fue porque seas Arnaldo Otegi, dos veces condenado por pertenencia a organización terrorista, porque sí creí ver arrepentimiento en Iñaki Rekarte o Yoyes, la etarra que terminó siendo una más de esas ochocientas veintinueve víctimas de ETA. No te creí porque no asumiste tu responsabilidad; no participé en el secuestro de Luis Abaitua ni en ningún otro acto terrorista, nunca milité en ETA durante la democracia (cuando te condenaron por hechos acontecidos en 1979), nunca fui un terrorista. No creo que lamentes de veras el dolor causado por ETA porque nunca lo has condenado públicamente. Y ni siquiera digo que tengas que hacerlo en el momento y en los términos en los que tus rivales políticos lo exijan, pero ya el hecho de anteponer la estrategia política por encima de la condena de cinco décadas de locura no te sitúa en una buena posición. No te creí cuando lamentabas el dolor causado porque lo justificabas continuamente, ¿acaso la izquierda no contempla la vía revolucionaria para conseguir sus propósitos? Otegi, ¿por qué queréis decir revolución cuando en realidad es imponer unas ideas con balas en lugar de razones, metralla en vez de convicciones, amenazas en vez de argumentos? 

Viendo que el dolor humano no parece obrar reacción genuina en ti, ¿qué tal si analizamos el fenómeno ETA desde un punto de vista puramente táctico, obviando las lágrimas y la impotencia, la pérdida, los crespones negros y los más de trescientos crímenes que, aún hoy, no han tenido justicia? Desde un punto de vista táctico ETA ha sido un enorme fracaso. La realidad objetiva es que cincuenta años y más de ochocientos muertos después el País Vasco no está más cerca de su independencia que aquel año de 1959 en el que un grupo de estudiantes engendró esta bestia. La realidad objetiva es que ETA es considerada una organización criminal no sólo por el Estado español, sino por Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos, Amnistía Internacional y prácticamente todos los países y organizaciones políticas o de derechos humanos del planeta. La historia de ETA, además de ser la de un horror sin nombre, es la de un fracaso vergonzante. Sí, es cierto que algunos militantes o ex-militantes ocupan cargos públicos en Euskadi, pero dudo muchísimo que tú, o cualquiera de los que hayan integrado en algún momento ETA, o que haya sentido filia por ella, puede sentir que haya ganado algo, salvo el mezquino triunfo de haber causado dolor a sus odiados “enemigos”. 

Eres un fracasado, que representa una ideología fracasada. Unas ideas que sólo han causado muerte y miseria en todos los países que han tenido el infortunio de sufrirlas. Una ideología nostálgica del absolutismo, la prédica de la intolerancia de las ideas, el pensamiento único, la muerte de la creatividad y la diversidad, la miseria moral y la envidia. Y aun así estáis auto-investidos de una moral superior que os permite ver la paja ajena en lugar de la sangrienta viga que tenéis en el vuestro. 

En la actualidad, estamos asistiendo in situ a un proceso de blanqueo terrorista desde la izquierda, maniobra clásica para quienes tenemos memoria histórica –lo mismo hicieron con Lenin o el Che Guevara, por mencionar algunos nombres-. Porque la izquierda es experta, al más puro estilo del Ministerio de la Verdad orwelliano, en revisar tendenciosamente los hechos y personajes históricos –he de reconocer- con bastante eficacia. Así, he llegado a ver gays enaltecer a un notorio homófobo como el Che, o demócratas conceder a un genocida como Stalin la categoría de estadista legítimo. Quién sabe si, dentro de cien años, Otegi no sea un Mandela español –en un país en el que Barbijaputa es un referente para el feminismo yo me puedo creer cualquier cosa- pero de ti y de mí no quedará más que el polvo de nuestros huesos para entonces. Lo que importa es que, más allá de grupúsculos siniestros y fanáticos, en nuestro tiempo, tú eres lo que eres, y no es algo agradable.






1 comentario:

  1. Siempre pueden decir eso de "el machismo mata más que ETA" y apañao.

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