viernes, 27 de mayo de 2016

El Mansplaining





El célebre psicoanalista Sigmund Freud dijo una vez “la humanidad ha progresado mucho; han quemado mis libros, pero en la Edad Media me habrían quemado a mí”. Sin embargo, cuando una bala rompía el cráneo y atravesaba la masa encefálica de Adolf Hitler, y las banderas soviéticas ondeaban sobre la Cancillería alemana, se iban destapando los horrores de los campos de la muerte, y los hornos de Auschwitz demostraban que Freud se había equivocado por completo. Auschwitz, y los gulags de Siberia, y la Birmania de los Jemeres Rojos, y la Ruanda de las milicias Interahamwe demostraron que la humanidad ha progresado muy poco desde la Edad Media. El mal, la intolerancia, y el fanatismo no desaparecen nunca del todo, sino que, cual Principio de la Ley de Conservación de la Energía, se transforma, adquieren otras apariencias y otros nombres, otros discursos y otros blancos en el que cebarse. 

Pero en el fondo es el mismo odio primigenio, que se pierde en la noche de los primeros tiempos, cuando un despreciable homo sapiens lanzó una piedra contra el prójimo, en el remoto valle del Kibish. Y aún resuenan los ecos de esa vieja piedra de mil nombres; esclavitud, machismo, Cruzadas, yihad, Santa Inquisición, nazismo, comunismo, y ahora, neofeminismo. 

Todos comienzan igual. Primero, la sensación –a veces real, otras fingidas- de que están siendo continuamente agredidos. Así, el inquisidor temía que la herejía pervirtiera y corrompiera el corazón de los hombres, y los nazis temían que los judíos malograran la raza aria y hundieran la nación alemana, y los comunistas temían la dictadura del capital… Después, al sentirse amenazados se veían legitimados a destruir aquello que le infundía miedo. A partir de ahí, poco a poco van escalando en odio, y la empatía hacia el grupo odiado se va rápidamente desvaneciéndose. Se les despoja de humanidad, de tal forma que no son vistos como seres pensantes y sintientes, sino como algo a extirpar. 

El feminismo actual, o neofeminismo, está en las puertas de la segunda fase. Ya se han convencido de que son víctimas de una superestructura social que denominan Patriarcado, y que está matando, violando, sometiendo, esclavizando y silenciando a la mujer. No importa que el feminismo jamás haya estado más subvencionado, y la violencia hacia la mujer más estudiada y visibilizada que nunca antes, y las leyes hayan inclinado su discriminación a favor de la mujer por vez primera en la Historia. No importa, porque una de las características que mejor definen al grupo “odiador” es la ausencia total de la menor reflexión intelectual y lógica. Así que superada la primera fase nos estamos viendo precipitados a la segunda; la deshumanización del grupo odiado. 

El primer paso de esta segunda fase es la de eliminar toda posibilidad de defensa. Como no pueden impedir que nos expresemos libremente –al menos, de momento- intentan reprimir nuestro derecho a defendernos mediante la dictadura del adjetivo. Mientras las neofeministas y sus asociaciones subvencionadas se permiten llamar al hombre “colectivo opresor” y lanzan afirmaciones tales como que somos maltratadores y violadores potenciales, el mero hecho de que nosotros reaccionemos a esta devastadora campaña de deshumanización nos convierte ya en machistas. Se dicen unos a otros burlonamente notallmen (no todos los hombres) y nos tildan de ser unos déspotas crueles que nos aferramos a nuestros privilegios. Es decir, nos atacan por no querer aceptar que nos llamen maltratadores y violadores. 

Por supuesto, inventan toda serie de adjetivos, títulos y expresiones para censurarnos continuamente. En primer lugar, un hombre no puede opinar sobre feminismo. Cabría preguntarse por qué. ¿Acaso un hombre no está al mismo nivel intelectual que una mujer? ¿No puede leer, informarse, tener un juicio racional y crítico sobre el feminismo? Decir que un hombre no puede “dar lecciones” de feminismo a una mujer resulta tan sexista como afirmar que una mujer no puede dar lecciones a un hombre sobre motores de coches. 

La última expresión en extenderse entre estos grupúsculos de odio es un préstamo anglófono; el mansplaining. Oficialmente describe cuando un hombre explica en tono condescendiente algo a una mujer, dando por hecho que por su condición femenina no sabe del tema del que discuten, pero extraoficialmente no es otra cosa que el intento de censurar que un hombre opine y debata con total libertad sobre alguna cuestión, generalmente referente al feminismo. Mi recomendación personal; no se callen jamás, por más que os acusen de mansplaining, u os llamen machistas, llorones o notallmen. Es un llamamiento a la desobediencia civil ante la dictadura del adjetivo.





3 comentarios:

  1. "Mansplaining" es uno de los mejores terminos que existen para determinar cuando alguien es sexista. Si alguien lo utiliza de forma no ironica, es practicamente seguro sexista contra los hombres, pues en esencia ese termino lo que hace es determinar que alguien no tiene razón simplemente porque es varón. Es un termino derogatorio creado para acallar a todo un sexo.

    Igual ya lo sabes y por eso has escrito el texto, pero estos días ha sido bastante popular el creador del juego Minecraft, que se ha dedicado a darles para el pelo a las feministas en internet respecto al termino mansplaining https://heatst.com/tech/minecraft-creator-markus-persson-notch-bashes-mansplaining-twitter-brawl-ensues/

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    1. No conocía la anécdota. Investigué sobre el mansplaining después de que me lo llamaran a mí. En fin, otro neologismo absurdo más para hacer lo que mejor saben ¿ayudar a la mujer? No, atacar a los que opinan diferente.

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  2. Excelente artículo. Este es carne de traducción ;)

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