lunes, 6 de junio de 2016

El crepúsculo del feminismo radical



Shulamith Firestone


Hablé en una ocasión de Shulamith Firestone, célebre feminista de la segunda ola y adelantada del feminismo radical. Con su obra La dialéctica del sexo, publicada en 1970, el socialismo, que tímidamente había golpeado a las puertas del feminismo con autores anteriores, derribaba la puerta y secuestraba –hasta el día de hoy- los movimientos feministas preponderantes. Junto a Kate Millet, la joven activista canadiense radicalizó el feminismo y lo convirtió en campo abonado para la proliferación de toda suerte de personajes fanatizados hasta el día de hoy. Firestone abominaba de la familia, a la que acusaba de “tiranía biológica”, y eso incluyó aborrecer de la suya propia, una sencilla y tradicional familia judía. Muy joven, rompió todo lazo con ella e hizo de su familia aquellas feministas que, obnubiladas por su carisma, y la pasión de su activismo, la seguían y elevaban a Maitreya del feminismo en la creciente e imparable rama radical. Pero a Shulamith Firestone le unía algo más que el feminismo radical con su compañera Kate Millet; las dos eran víctimas de sí mismas, eran esquizofrénicas.

Ninguna de aquellos millares de feministas que seguían a Shulamith Firestone en los años 70, ninguna de las llamadas Redstocking –mujeres que se dedicaron a difundir las enseñanzas de Firestone-, ninguna de quienes jaleaban enardecidas, con el puño en alto, en las concentraciones feministas estuvo a su lado cuando los años pasaron, y los días soleados se convirtieron en grises crepúsculos. 

En 2012, el propietario del edificio en el que la anciana Shulamith Firestone vivía, encontró su cadáver en un pequeño apartamento tan caótico como la confusa mente de su inquilina. Con sesenta y siete años, pero muchos más en apariencia, Firestone era una anciana presa de la más absoluta de las soledades. Bien es cierto que, durante un tiempo, un grupo de feministas la visitaron con cierta frecuencia, y le hacían la compra, las tareas domésticas y le ayudaban a tomar la medicación contra la esquizofrenia. Pero aún estas últimas fueron abandonándole paulatinamente, y Shulamith Firestone, una de las más importantes líderes del feminismo en los 70, cayó en el más absoluto e implacable de los olvidos. 

El alimento de la radicalidad es el odio, y cuando el odio es la argamasa que une a un grupo de personas, virtudes como la solidaridad –tan ajena a él-, brillan en la más absoluta ausencia. El cuerpo de Firestone tuvo una sepultura a la manera judía, y sólo dos personas se despidieron de Shulamith; sus hermanos, aquellos de los que ella se alejó voluntariamente tantos años atrás.






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