jueves, 16 de junio de 2016

La telenovela venezolana






Esperanza, una licenciada en biología molecular (un tanto forzado) envía una carta a sus padres, diciéndoles no sé el qué de Espinete y que desea volver. Por supuesto, para materializarse ese anhelo la clave pasa por votar a Unidos Podemos. Esperanza es una alegoría populista que pretende representar a todos los jóvenes españoles que se vieron obligados a emigrar al extranjero. Resulta curioso (acaso cínico) que un partido político de ideología comunista utilice como propaganda electoral un drama como es el de la emigración forzosa, habida cuenta de que todos los países que han tenido el infortunio de ver propagarse y desarrollarse las ideas defendidas por la camorra de la Complutense son, precisamente, los más azotados por la despoblación y el destierro de sus ciudadanos.

Podríamos poner como ejemplo Cuba, que cuenta con tres millones de exiliados. Una diáspora de dimensiones bíblicas, sobre todo teniendo en cuenta que esos tres millones de apátridas representan el 27% de la población de la isla, uno de los últimos oasis comunistas de nuestro mundo. O Venezuela, país donde algunos de los gerifaltes de Unidos Podemos han realizado labores de asesoramiento -con salario de galáctico, por cierto- y cuyas consecuencias han provocado la fuga de 1.500.000 venezolanos, según un informe del sociólogo venezolano Tomás Páez. Sin contar con que –de acuerdo a una encuestadora con base en Caracas, Datanálisis- el 10% de la población dicen estar en trámites de abandonar el país. 

Así que, de entrada, parece extraño que la ideología de Iglesias y Garzón, en cuyo nombre se han erigido muros –no con el objetivo de evitar que los obreros explotados por el capitalismo crucen en tropel sus fronteras, precisamente, sino para evitar que sus gentes huyan despavoridas- estén legitimados para traer de vuelta a Valeria, Esperanza o cómo se llame la bióloga molecular que veía Espinete. 

En la carta se despide de su abuela, quien, al parecer, murió durante su exilio en tierras británicas y no pudo despedirse de ella. Tantos viajes a Venezuela, y tanta presencia de sus dirigentes en Venevisión, parecen haberles dotado de un singular sentido para el melodrama, porque el lacrimógeno giro final es digno de una telenovela venezolana. 

La utilización del machismo con fines propagandísticos también es habitual en el maquiavélico modus operandi de la banda de la Complu. Así pues, Garzón –no el que quiere solucionar la crisis con una imprenta, sino el otro- denunciaba el machismo de las familias españolas que permitían a sus hijos estudiar en la universidad y a sus hijas no –precisamente en el país en el que hay 115 féminas estudiantes por cada 100 varones-. O Iglesias, que aprovechaba –en un repugnante oportunismo- el asesinato de una mujer por violencia doméstica para cargar contra los recortes en Igualdad, cuando el número de víctimas no se ha visto condicionada por dichos recortes –a las estadísticas me remito-. 

Si no tienen éxito el 26J –Elohim, Zeus, Baal y todos los dioses que existen o han existido alguna vez me oigan- pueden dedicarse a guionizar los próximos éxitos de Cadena Caracol.



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