lunes, 4 de julio de 2016

Capítulo cuatro: El Ministerio de la Verdad








“Quien controla el presente, controla el pasado, y quien controla el pasado controlará el futuro.” 1984, de G. Orwell. 



Winston Smith, el protagonista de 1984, de George Orwell, tenía una función especial en la gris, colectivizada y opresiva sociedad que se describe en la novela. Su cometido era reescribir la historia, eliminando, alterando o inventado documentos históricos hasta que el pasado se ajustara a los intereses del Partido, siguiendo la máxima de que quien controla el presente, controla el pasado, y quien controla el pasado controlará el futuro. La LIVG, como hemos visto, justifica la tutela de la mujer por parte de las instituciones del Estado aludiendo a la especial vulnerabilidad de las mujeres en la sociedad y su histórica situación de desigualdad. La mujer se convierte, por tanto, en el blanco de la violencia de una sociedad estructuralmente machista. 

La sentencia del Tribunal Supremo, ante el recurso presentado por la inconstitucionalidad de la LIVG, confirmaba la aceptación de la idea de que la violencia hacia la mujer se ejerce en base a su sexo, distinguiéndose de cualquier otro tipo de violencia, quedando así justificada la asimetría penal. Obviando el hecho subjetivo de que cualquier intento legislativo por equilibrar una desigualdad, supuesta o real, suele conllevar a un desequilibrio opuesto e igualmente reprobable, ¿es cierto que la mujer es especialmente vulnerable? ¿Podemos decir, sin atisbo de duda, que la violencia que se ejerce sobre la mujer en el ámbito de la pareja es en base a su sexo? 

Una circunstancia que ayuda a la aceptación del rol pasivo o receptor de la mujer en la violencia es el hecho de que quien asume con mayor frecuencia el rol activo o emisor es el hombre. En otras palabras, hay más delincuentes varones que féminas, y eso se puede comprobar echando un vistazo a la población carcelaria de cualquier país. Sin embargo, lo que suelen omitir desde el “Ministerio de la Verdad” neofeminista es que, aunque el emisor de la violencia es comúnmente el hombre, el receptor de la violencia es también –y con amplia diferencia- el hombre. Así, un artículo de El País aseguraba que el hombre tiene hasta tres veces más posibilidades de ser víctima de un homicidio que la mujer. 

En Estados Unidos, donde el estudio de la violencia no se encuentra bajo la inflexible heterodoxia de las teorías de género, se puede observar este fenómeno que, no obstante, es global y, con un pequeño margen, extrapolable a cualquier país occidental. Según la Oficina de Estadísticas de Justicia de los EE.UU., el 74,9% de las víctimas de homicidio intencionado son varones. De manera que, si bien es cierto que el porcentaje de homicidas varones es mayor, también lo son sus víctimas. 

Luego podemos afirmar que la mujer no es el blanco principal de la violencia común. Ahora bien, ¿qué hay de la violencia en el ámbito de las relaciones sentimentales? Según datos del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género, en 2013 murieron cincuenta y cuatro mujeres a manos de sus parejas o exparejas masculinas, y dieciséis hombres a manos de sus parejas o exparejas femeninas. Existe una evidente diferencia en el número de víctimas, ¿pero explica esta estadística que las razones que llevan a un hombre asesinar a su pareja son distintas que las que llevan a una mujer a tomar la misma terrible determinación? ¿No es más lógico pensar que las causas por las que hay más asesinos varones en el ámbito de la pareja son las mismas por las que hay más asesinos en términos generales? 

El 8 de noviembre de aquel año, en Valencia, una mujer de cincuenta y nueve años asesinó a su pareja ante la negación de la asesina de aceptar el cese de la relación. Después de la ruptura, la mujer había acosado a la víctima para forzarle a retomar la relación, estrangulándolo ante la frustración por no conseguirlo. ¿Quién puede afirmar que las causas que movieron a esa homicida son distintas a las de cualquier agresor varón? ¿No fueron celos, sentido de posesión, creer que tenía derecho sobre la vida y el destino de su pareja, que no era éste libre de tomar la decisión que considerara oportuno? 

El papel de los medios de comunicación –que detallaremos en el próximo capítulo- es crucial para extender la idea de que las causas de la violencia dirigida hacia la mujer son especiales y viene determinada por una estructura social machista –aun cuando son, en términos generales, minoritaria-, mostrando las noticias de una manera tendenciosa e ideologizada. También cuestionaremos qué hay de cierto y qué de dogma en esa idea de machismo estructural, conocido comúnmente como patriarcado.



  • Capítulo III de 1984, de George Orwell
  • Sentencia del Tribunal Supremo (BOE núm. 200, del 19 de agosto, 2008)
  • Artículo de El País Por qué ellas viven más del 21 de noviembre, 2006.
  • Oficina de Estadísticas de Justicia de los EE.UU.
  • Artículo de La Vanguardia del 8 de febrero, 2013.


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