viernes, 8 de julio de 2016

El Cuarto Poder








CAPÍTULO 5: EL CUARTO PODER



En la época de la información, el control de los medios de comunicación se convierte en un elemento indispensable para evitar sediciones y, al mismo tiempo, adoctrinar a la población sobre la que se ejerce el dominio. Todo poder tiene vocación de permanencia, y ésta pasa indefectiblemente por dirigir el cuarto poder –o, en su defecto, influir en él-. Hemos visto en el primer capítulo que la LIVG interrumpe las garantías jurídicas de los acusados por delitos de violencia doméstica, que está justificada en la mentira contrastable de que en este país existe una especial incidencia de violencia hacia la mujer y que, además, se ha demostrado manifiestamente ineficaz. Hemos visto también que la aplicación de esta ley ha creado –o estimulado- un tipo de delito con gravísimas consecuencias para la víctima, y que es silenciado por instituciones públicas, añadiendo también una vergonzosa cobertura de la delincuente; las denuncias falsas

También hemos visto que, en torno a la ley, se ha creado una lucrativa industria con inversión pública, y que podría ser razón del inmovilismo a la hora de modificarla para corregir sus graves efectos. Así pues, nada de esto se puede sustentar sin la influencia en los medios de comunicación, escapando muy pocos a la implacable presión y persecución por parte de asociaciones subvencionadas e instituciones públicas. 

Esa presión se hace material con el Decálogo para Medios de Comunicación del Instituto de la Mujer de Baleares (Institut Balear de la Dona) que firmó numerosos medios de comunicación de gran peso. En dicho decálogo, se conmina a los medios a abandonar la neutralidad en el tratamiento de noticias de violencia de género, y se “recomienda” no informar sobre factores que la ideología neofeminista considera externos, aún cuando estén aceptados como posibles causantes de homicidio (como consumo de ciertos estupefacientes o enfermedad mental). 

La razón que exponen es que estos factores pueden percibirse como justificaciones del crimen y, por consiguiente, deben omitirse –censurarse- cuando se informe de un homicidio en el ámbito doméstico. Esta institución pública no se limita a elaborar ese tendencioso decálogo de “recomendaciones”, sino que mantiene una vigilancia constante para asegurar su cumplimiento. Así pues, en 2014 encargó un detallado informe a la Fundación Gadesco, donde se analizaban más de 600 noticias relacionadas con violencia hacia la mujer publicadas en los principales medios –tales como El Mundo, El País, Diario de Mallorca, diarios digitales, etc.- 

El único factor considerado para esta institución pública es la desigualdad social y el machismo, eliminando otros factores que pueden influir en un crimen, y que no implique necesariamente una justificación del mismo. Un caso lacerante de violación del código deontológico del periodista fue el de Javier Fernández, músico de la banda Los Piratas, que fue abatido por la policía después de que su mujer hubiese alertado a las autoridades de su conducta violenta. El caso fue presentado por los medios como “otro hecho de violencia machista”. Su esposa, no obstante, y aprovechando los estrechos canales a los que tenía acceso –redes sociales- publicó una carta en la que expresaba que Javier Fernández no era un maltratador, sino que padecía un grave trastorno bipolar por el que recibía tratamiento psiquiátrico. Pocos días antes del fatal incidente, su psiquiatra había interrumpido su medicación –decisión equivocada, a todas luces- teniendo predecibles efectos. Ante un caso como este la pregunta es obvia, ¿cuántos Javier Fernández han pasado por maltratadores sin que lo sepamos? 

En otras palabras, de los cincuenta y seis asesinos del pasado año (2015), todos y cada uno de ellos, sin excepción, eran asesinos lúcidos, sin problemas psiquiátricos y/o de adicciones, cuya exclusiva motivación había sido ese machismo atávico producto de las históricas desigualdades sociales. Un estudio realizado en instituciones penitenciarias sobre reclusos que cumplen condena por violencia hacia la mujer parece empeñado, no obstante, en contradecir ese ideologizado y tendencioso tratamiento de noticias de violencia de género. El estudio, realizado por la Universidad Pública de Navarra y PSIMAE Instituto de Psicología Jurídica y Forense sobre 448 reclusos, revelaba que en el 42% de la muestra se presentaba antecedentes psiquiátricos, de los cuales, el 67,5% tenían conductas adictivas, el 22,8% padecían trastornos emocionales y un 9,5% sufrían trastornos de personalidad.

¿Significa que todos los asesinos padecen trastornos mentales o conductas adictivas? Es evidente que no, pese a que esa falacia del hombre de paja sea comúnmente empleada por el neofeminismo y las instituciones que lo apoyan. Lo que es innegable es que el factor "machismo” no es el único presente en la violencia hacia la mujer y que, de hecho, ni siquiera es imprescindible para que se cometa un delito de violencia doméstica. 

¿A quién perjudica ese diagnóstico político? En primer lugar a las propias víctimas de violencia doméstica, pues este precipitado e inflexible juicio impide estudiar a fondo causas que pueden ser detonantes de violencia doméstica y, por ende, se obstaculiza su erradicación. Y por otra parte, criminaliza al hombre, lo cual es útil para tutelar a la mujer y obtener su obediencia. El neofeminismo y las instituciones que las apoyan predican el miedo al varón para que la mujer acuda a ellos y entreguen su libertad a cambio de su necesaria protección, ¿os suena el nos matan

A continuación veremos en qué consiste la campaña de criminalización del hombre y cómo está entretejida en esta compleja madeja que tratamos de deshilar capítulo a capítulo.



  • Decálogo para Medios de Comunicación del Institut Balear de la Dona, 2014.
  • Caso Javier Fernández, batería del grupo musical Los Piratas.
  • Estudio “Violencia de Género e Inmigración: Perfil Diferencial de Hombres Maltratadores Nacionales e Inmigrantes”.




Todos los capítulos: AQUÍ

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