lunes, 15 de agosto de 2016

El liberalismo construyó el feminismo y el socialismo lo destruyó





Emma Goldman



Reconozco que es difícil imaginar un feminismo separado de la izquierda o, más aún, opuesto a ella, pero la realidad es que así fue en sus orígenes. El feminismo nació, fundamentalmente, para la consecución de ciertos derechos que les eran negados a la mujer, siendo el principal el derecho a voto. El sufragismo –considerado como la Primera Ola del Feminismo- nace formalmente en la Convención de Seneca Falls, si bien antes ya existían ciertas reivindicaciones con respecto al sufragio femenino. Dicha convención tuvo lugar en Estados Unidos, así como el nacimiento y explosión del movimiento sufragista. Es decir, el feminismo nació en uno de los pocos países del mundo donde nunca ha existido una verdadera izquierda

Emma Goldman, pionera en la lucha por la emancipación femenina y, sin duda, una de las primeras y más importantes sufragistas, militaba en el partido libertario. Entre 1920 y 1922 vivió en la Unión Soviética e, incluso, apoyó a los bolcheviques en la Revolución de Octubre, pero pronto emigró a Canadá y escribió vehementes artículos donde criticaba la represión política, la burocracia leninista y los trabajos forzosos. El título de su escrito fue elocuente; Mi desilusión con Rusia

En España, Clara Campoamor, la mujer que consiguió el voto femenino, era una reconocida liberal, que decía estar alejada del socialismo como lo estaba del fascismo. La posición de los socialistas de entonces con respecto al sufragio femenino no era amigable, precisamente. Victoria Kent votó en contra del derecho al voto de la mujer –y el desmemoriado feminismo actual ha puesto su nombre a más de tres asociaciones de mujeres-. También se opusieron importantes líderes como Margarita Nelken, Roberto Novoa o Indalecio Prieto. Resulta, cuanto menos significativo, que en las primeras elecciones con sufragio universal en este país –celebradas en 1933- dieron la victoria a la derecha. Entre los socialistas de entonces se tenía la noción de que el feminismo era un movimiento burgués que buscaba la división del proletariado para beneficio de los poderosos. 

No es hasta la tardía fecha de 1967 cuando nace el feminismo radical –de la mano de Kate Millet, Shulamith Firestone, Andrea Dworkin y otras- cuando el feminismo da el giro hacia la izquierda. La teoría marxista de clases es adaptada al feminismo, naciendo la perspectiva de género que criminalizará a todo el género masculino alienándolo a una clase de opresores. El enemigo ya no son las instituciones estatales –ahora el feminismo forma parte de ellas- sino todos los hombres, a los que se consideran soldados del patriarcado. 

Y Kate Millet acuña una de las frases más terribles asociada a este nuevo femi-marxismo; lo personal es político. Con esta frase nos querían decir que lo privado no existía, y ya no sólo en el aspecto material (propiedad privada) sino que la misma intimidad familiar y conyugal era una esfera política, lo cual legitimaba al feminismo (y al Estado) a entrar en la vida de cada ciudadano, hasta invadir nuestra propia alcoba.







No hay comentarios:

Publicar un comentario